• Mirada. Una vez que comience el contacto visual con la persona que te va a hacer la entrevista, no debes perderlo durante toda la conversación. Incluso cuando dejes de hablar, debes mantener tu mirada puesta en sus ojos, o si tuvieras que desviarlo para no crear una situación incómoda, hazlo de forma muy lenta. En el caso que sean varios los seleccionadores, mira en cada momento sólo a la persona que está hablando y cuando sea ti al que escuchen debes incluir a todos los participantes en tu campo de visión, dedicando varios segundos a cada uno de ellos. ¿Qué transmites con ello? Una mirada fija y puesta en el foco principal de la conversación denota atención e interés.
  • Sonrisa. Una sonrisa excesiva puede ‘desencajar’ en la situación, ya que una entrevista de trabajo es un mero trámite formal previo a conseguir un puesto de trabajo; por lo tanto, modera tu sonrisa. Pero tampoco debes estar excesivamente serio, porque en este caso transmitirías al entrevistador que no estás cómodo y que no estás seguro con aquello que estás comentando. En definitiva, lo que importa es que tu rostro desprenda energía positiva de cara a la empresa, por lo tanto, muéstrate como una persona sonriente cuando la situación realmente lo merezca. Es importante que en el saludo dicha sonrisa sea de calidez, no una sonrisa ‘desmedida’; lo que debes evitar es dar la sensación de que parezca que ese tipo de sonrisa la ofreces a todo el mundo.
  • Postura. Nunca tomes asiento si no te lo han ofrecido y en caso de no saber dónde tomar asiento pregúntalo al entrevistador. Si éste te dice “donde quieras” y él ya está sentado, elige un lugar en el que podáis veros cara a cara manteniendo una postura correcta. Es decir, elige a poder ser un asiento frente a él y con una mesa de por medio lo cual haga mostrar sólo la parte superior de tu cuerpo. ¿Por qué? Porque la posición de nuestras manos y pies ‘hablan’ por nosotros y es la parte de nuestro cuerpo que menos sabemos controlar en una situación incómoda o inusual. La espalda la debes mantener recta y sin llegar a estar totalmente reclinada sobre el respaldo del asiento, ya que con el paso del tiempo puedes acabar ‘recostándote’ y ofreciendo una imagen demasiado informal sin apenas darte cuenta.
  • Gestos. No inclines la cabeza mirando al suelo si se hace un silencio; si sientes que es muy incómodo mirar al entrevistador hasta que hace la siguiente pregunta, desvía la mirada hacia su  mesa con una cálida sonrisa. Evita los ‘tics’ nerviosos habituales en muchas personas como dar rápidos golpes en el suelo con el pie, retorcerse un mechón de pelo al hablar o tocarse la cara mientras se habla. El lenguaje corporal de las manos es una de las formas de comunicación ‘silenciosas’ que más dicen sobre nuestro estado de nerviosismo. Si te es difícil controlarlas, es preferible que lleves un bolígrafo contigo y lo utilices para canalizar tu energía con él en la mano.