El vegetal posee compuestos que eliminan bacterias cuyas secreciones de amoníaco atacan los jugos gástricos, produciendo así gastritis y hasta úlceras. El jengibre neutraliza entonces el exceso de ácido gástrico y evita la aparición de tales enfermedades.

En situaciones de diarrea también actúa. Además de ser antibacteriano, tolera a los microorganismos necesarios en la flora intestinal, por lo que permite el aumento de la riqueza de esta. Es un eliminador natural, por ende, de males como la Escherichia Coli, que aparece sobre todo en infantes. El jengibre previene igualmente el estreñimiento y las hinchazones estomacales.

Algunos estudios clínicos han demostrado que la planta alivia significativamente la hiperémesis gravidarum, severa afección que ataca a un gran número de mujeres embarazadas, a las cuales les complica su gestación. Para suerte de la ciencia, se demostró que las cápsulas con polvo de jengibre frenan la enfermedad.

Otro de sus increíbles beneficios es nada más y nada menos que el resultar un estimulante de la digestión, ya que actúa directamente sobre las enzimas naturales de las proteínas. De ahí que sea incorporado a varios remedios, naturales y químicos, para calmar los males de estómago causados por pesadas digestiones. La sensación de calor que produce en el momento es que es consumido, activa así las funciones estomacales en el tratamiento contra la dispepsia.

Una receta apropiada para mejorar la digestión se concreta en diluir treinta gotas de tintura de la planta en abundante agua, y beber dos veces al día. Para muchos problemas, como las náuseas, las flatulencias y los cólicos abdominales, resulta ideal. Además, estimula las glándulas salivales, por lo que fomenta el apetito.

Protege mucho al estómago de las lesiones originadas por los fármacos antinflamatorios que tantos efectos secundarios tienen. Asimismo, previene de los vómitos inducidos por la quimioterapia. Por todo lo descrito  se recomienda utilizarlo en las comidas de manera habitual.