Los países emergentes están en vías de crecimiento y con grandes posibilidades de desarrollarse e industrializarse a pleno. Pero este tránsito suele ser difícil y trae aparejado gran inestabilidad lo cual lleva a suponer que invertir allí puede ser muy riesgoso aunque muy rentable también.

El mercado más buscado ha sido Latinoamérica, pero no es sencillo llegar por las cuestiones legales que aún están sin definir y porque no han logrado la estabilidad. En tanto los países del G-7 forman un 11% de la población, los países emergentes significan más del 50% entre ellos se encuentra Brasil, Chile, China, México, Perú, Rusia, Sudáfrica, etc. Estos países tienen interés por el alto porcentaje de población joven que posee que en un futuro próximo se transformará en población productiva y de gran utilidad para la industria, a diferencia de los países desarrollados cuya población posee un alto porcentaje personas mayores.

Pero aún poseen mercados financieros bastante deficientes y sus mercados bursátiles tienen un elevado margen de riesgo. Sabiendo que en todo momento estarán beneficiadas las acciones de los países desarrollados y que los flujos de fondos hacia estos países hacen que sus monedas caigan, la consecuencia es que tengan que vender divisas y comprar propias para sostener el precio reduciendo sus reservas internacionales.

Una inversión para los más arriesgados

Este riesgo se mide con un índice que compara los riesgos de la nación en cuestión con un promedio de sus bonos en comparación con los de Estados Unidos. Esta forma de cálculo lo hace el Emerging Market Bond Index (EMBI) generado por J.P. Morgan que posee un índice específico para cada estado. La idea es dar un número que englobe los inconvenientes sociales y políticos y la posibilidad que los gobiernos expropien activos. Aquellas personas que estén dispuestas a aceptar todos estos riesgos pueden encontrar una gran oportunidad de inversión en estos mercados.