Es importante respetar el espacio de los animales y no pensar que están en casa para servirnos, pudiendo acariciarlos y hacerlos jugar cada vez que nos interese. Si los tratamos de manera adecuada, podremos tener un amigo muy divertido en nuestro roedor.

1) Con la comida, sí se juega. Seguro que te han dicho muchas veces eso de que no juegues con la comida, pero en el caso de acercarse a un roedor, debes de hacer todo lo contrario. Ofrécele con tu mano sus alimentos favoritos para que poco a poco vaya confiando en ti.

Primero heno, que deja un poco más de espacio entre el animal y tú y poco a poco pequeñas chuches como trocitos de fruta, que pueda coger en la palma de tu mano. En poco tiempo te habrás ganado su confianza.

2) El aseo, un juego. Cada vez que tengas que cepillar a tu roedor hazlo con tiempo y de una manera relajada. Hazle sentir que es un juego y una manera divertida de estar juntos. Verás como ambos acabáis disfrutando incluso de los baños, si estos se aderezan con unas buenas dosis de mimos.

Intenta no bañarlo de prisa, sobre todo si le da miedo el baño. Quizás las primeras veces solo puedas asearlo con un pañito húmedo pero si consigues que se relaje contigo podrás avanzar. Para eso es importante que no lo cojas de su jaula solo para bañarlo o acabará relacionando ambas cosas negativamente.

3) Juega con él. Ofrécele juguetes y utiliza algunos que tú puedas mover. Dale cositas para que roa y muévelas para que las busque. Poco a poco irás descubriendo a qué tipo de juegos es más receptivo el animal y cuáles le desagradan.

4) Obsérvalo para aprender de él. Mirar cómo juega tu roedor te ayudará a saber qué es lo que le divierte y te aportará ideas sobre qué hacer para que juegue y cómo estimularlo para que actúe contigo.

Entenderás las peculiaridades de estos animales, que no son perros o gatos, pero que en su forma y manera saben darnos cariño y agradecen los cuidados y los mimos como cualquiera.