Si tienes perros o gatos, es conveniente que de vez en cuando vigiles que no haya parásitos en sus deposiciones. Cuando hay muchas lombrices u otros tipos de gusanos, se suelen ver a simple vista, ya que asoman y se mueven. Pero si son pocos a veces es necesario utilizar un palito para examinar el interior y ver si hay algún habitante indeseado. Como generalmente salen al exterior todavía vivos, son muy fáciles de ver.

La consistencia de las deposiciones

Si tu perro o tu gato tienen diarrea, este es un síntoma claro de que algo falla en su salud. Tal como sucede con los humanos, pueden haber comido algo que les ha hecho daño, por lo que si se trata de una diarrea suave, sin una gran frecuencia y que no es totalmente líquida se puede esperar un día antes de ir al veterinario. Sin embargo, si las heces son muy líquidas y, sobre todo, tienen un color oscuro casi negro, hay que acudir a la clínica habitual de forma rápida ya que la mascota podría deshidratarse y el color oscuro podría ser debido a la presencia de sangre, indicando incluso una hemorragia interna. Si es posible se debe de llevar una muestra para su análisis.

Por el contrario, si al peludo le cuesta hacer sus necesidades, teniendo que hacer mucho esfuerzo y estas son muy duras y secas, seguramente no está tomando suficiente fibra. Lo mejor sería cambiar de pienso por otra variedad que le aportara una mayor cantidad de la misma, aunque se debe de realizar la sustitución de manera gradual. Los gatos a menudo pecan de beber muy poca agua, motivo que puede causar el estreñimiento. Si crees que esta es la causa, mezcla comida húmeda con el pienso seco habitual para ayudarlo a hidratarse y trata de que beba más utilizando una fuente de agua corriente.

Realizar sus necesidades fuera de sitio

En algunas ocasiones un perro acostumbrado a realizar sus necesidades en la calle o un gato que usa siempre la arena comienzan a defecar por casa fuera de su lugar habitual. Esto es siempre síntoma de un problema que puede ir desde una llamada de atención a los dueños, una señal de estrés por un cambio que no les gusta (por ejemplo, un cambio en la arena de los gatos o un nuevo miembro de la familia) hasta ser debido a problemas de salud que les estén causando una incontinencia.

En estos casos lo primero es ir al veterinario a que este elimine las posibles causas físicas y, de no existir enfermedad, comenzar a indagar en los motivos psicológicos.