Se ha encontrado evidencia de la presencia de lobos incluso entre los fósiles humanos más antiguos, indicado que venimos recorriendo el mundo juntos desde hace decenas de miles de años. Los gatos han sido guardianes feroces de las cosechas humanas desde los inicios de la agricultura y basta con ver la diferencia entre las culturas del viejo y el nuevo continente para apreciar el impacto (para bien o para mal) del caballo en el desarrollo humano.

En la actualidad, la tecnología ha relevado a los animales del campo laboral (o debería), pero a pesar de los numerosos intentos de instalar “mascotas robots” en la vida de las personas, no hay nada que pueda reemplazar  el valor emocional que aporta un animal. Los niños que crecen con mascotas ejercitan la empatía y aprenden responsabilidad de una manera muy positiva.

Y eso no es todo…Resulta que tener un animalito peludo en casa no solo ayuda a la salud emocional e intelectual de los niños, también sirven para fortalecer el sistema inmunológico y respiratorio. En el caso de los perros, sabemos que esto se debe a una bacteria en los intestinos que las personas sin perros no tienen. En el caso de los gatos, no existe bacteria alguna, por lo que aún resulta una incógnita.

En el caso de las aves, el efecto de tener una en casa es completamente opuesto. Las aves no pierden pelo, pero si producen un polvo que contiene células muertas de piel y plumas.  Recientes investigaciones demostraron que niños de entre 6 y 7 años expuestos a aves diariamente durante su primer año de vida desarrollaron problemas respiratorios de menor o mayor grado. Los loros, cotorras y guacamayos son también portadoras de otras enfermedades, como la psitacosis, similar en gravedad a la neumonía.

Si nos gustan las aves, hay alternativas a tenerlas en casa. La observación de aves, por ejemplo, es una actividad que los niños adoran, los impulsa a ejercitarse y los expone a saludables corrientes de aire limpio y sol.

La palabra de los científicos suele presentarse como algo terminal: esto es así y no puede ser discutido. Pero lo cierto es que la incertidumbre es la regla en el mundo científico. Todo se basa en procesos que son, al final y al cabo, muy limitados. Nos sirven de guía, pero difícilmente pueden considerarse como una verdad irrefutable. Una duda con respecto al impacto de las mascotas en la salud respiratoria de las personas, por ejemplo, es si las personas investigadas son sanas por tener mascotas o si tienen  mascotas porque son sanas. 

Una duda muy interesante es cuanto impacto tiene realmente el factor emocional. Ahora sabemos que sentirse amado y feliz tiene repercusiones físicas en el cuerpo. Si el ronroneo de un gato o la indiscriminada alegría de un perro son más importantes para la salud de nuestros pulmones y corazón que vernos expuestos a sus pelos es una incógnita cuya resolución es ciertamente una buena excusa para adoptar un compañero peludo.