1) Tu hijo comerá de todo: No será un niño al que tengas que insistir para que coma, se sentará a la mesa el primero, incluso te presionará para que acabes de servir lo antes posible. Dejará el plato tan limpio que no vas a necesitar lavavajillas.

El punto en contra de esto es que tendrás que enseñar a tu hijo que hay cosas que es mejor no probar y que no es necesario llevárselo todo a la boca. Es más, ni siquiera es conveniente hacerlo. Probablemente puedas darles una charla en común al niño y al perro sobre ese tema.

2) Será un amigo muy leal: Si entrega su amistad, tu hijo sabrá que eso es para siempre. Muy mal se tienen que dar las cosas para que abandone a un amigo. No será el típico niño que vaya cambiando de compañías fácilmente y seguramente mantenga su grupo desde la infancia.

Eso sí, quizás haya que explicarle que no es necesario que salte y sea tan expresivo cada vez que los ve y, por supuesto, el modo de saludarse entre humanos es dándose la mano o haciendo un gesto desde lejos… nada más.

3) Desarrollará un amor muy especial por todo aquello susceptible de ser arrojado: Las pelotitas, los palos y los discos voladores serán su entretenimiento favorito.

Cuando los lances, no será solo el perro el que corra a recogerlo y se establecerán competiciones de lo más apasionadas por quién atrapa al vuelo el objeto y te lo devuelve. Casi mejor, déjales que jueguen ellos, que entienden muy bien sus propias reglas y harán una buena cantidad de ejercicio.

4) Este punto vamos a tomarlo en serio. Un animal es una responsabilidad para toda la familia y puede enseñar al niño a asumir su parte de la misma. Un niño que se haya hecho cargo de un perro aprenderá a ser responsable de otro ser vivo y con ello ganará en madurez.

Una lección muy especial que aprenderá de la forma más agradable posible junto al que sin duda va a ser su mejor amigo durante una larga etapa de su vida.