En México fue que los españoles, en su etapa de conquista, visualizaron por primera vez esta planta, que crece hasta unos diez metros de altura y que destaca por sus hojas de gran tamaño y sus flores de una exquisita fragancia.

Hoy está extendido por América latina, África y Asia y está considerado como un excelente remedio para las fiebres, escalofríos, la ictericia, edema y disentería. La pulpa de este fruto destaca por tener un alto contenido de glúcidos que son de fácil metabolización. De la guanábana también se utilizan las flores y las hojas, cada una con sus distintas aplicaciones.

La presencia de glúcidos, proteína, lípidos, vitaminas B y C, sales minerales como fósforo y potasio, le da grandes cualidades para combatir los males en la vesícula biliar y vaciarla, los malestares digestivos y es muy recomendable para los diabéticos, hipertensos, obesos y los que poseen problemas cardiacos.

Incluso las hojas de esta planta conocida como guanábana o cabeza de negro se utilizan en forma de infusión para eliminar las diarreas y en caso de paperas pueden aplicarse en forma de cataplasma, pues funcionan como antiinflamatorias. Por su parte, las flores son utilizadas en casos de tisana, gripe y catarro bronquial, por sus funciones de pectoral.

El jugo del fruto puede tomarse lo mismo con un poco de agua que con miel, para lograr endulzarlo y complementarlo con las propiedades curativas de la miel. Incluso es recomendable comerse el fruto directamente.

La infusión de las hojas de guanábana puede realizarse mediante unas tres hojas vertidas en una taza de agua, ya hervidas se toman unas tres tazas al día. Igualmente, las flores dan una infusión de muchos beneficios, vertiendo unas tres flores por taza de agua y tomando esto unas tres veces al día. Es recomendable triturar las hojas, las que se pueden depositar en forma de cataplasma sobre la región parotídea.