Uno de los peligros más habituales está en el vehículo ya que lo que para nosotros  es mucho calor, para el perro o gato que viaja detrás puede ser mortal. Si al calor del vehículo se añade una mala hidratación, estamos poniendo todos los elementos para que las cosas puedan acabar realmente mal para el peludo. Si se viaja con el perro o gato este debe de ir correctamente sujeto o en su trasportín. Se debe de parar cada hora y media para proporcionarle agua y el coche debe de ir aireado y lo más fresco que nos sea posible.

Bajo ningún concepto debemos de irnos y dejar al animal en el coche, ni siquiera con una ventanilla algo abierta, ya que si le da el sol la temperatura del vehículo puede subir en muy poco tiempo con consecuencias mortales para nuestra mascota.

Los perros suelen pasar mucho calor cuando sube la temperatura

Los gatos también lo sufren

Por suerte cada vez son más las personas concienciadas del riesgo de un golpe de calor en los perros, pero no suele ser así con los gatos, a los que les precede su fama de adorar el calor y aguantarlo muy bien.

Es cierto que los gatos adoran el calor, pero en muchas ocasiones no son conscientes de la temperatura a la que se someten. Es el caso de algunos mininos que han muerto tras dormirse al sol sobre un tejado en pleno mediodía.

Si los tenemos en casa es bueno vigilar que no estén demasiado tiempo en un balcón excesivamente soleado y sobre todo asegurarse de que beben suficiente agua, ya que no suelen sentir mucha sed. Es bueno estimularlos con un grifo abierto, una fuente especial para ellos o dándoles al menos una vez al día comida húmeda para cubrir sus necesidades de líquido.

A los gatos también les afecta el calor

Puntos de riesgo

Además del coche y de los balcones pequeños, ya vistos como puntos de riesgo para un golpe de calor, también están las habitaciones pequeñas y mal ventiladas a las que les da el sol durante todo el día. Los suelos de cemento de los patios son también un horno para los perros, sobre todo si están atados y no pueden moverse buscando una sombra.

Por supuesto, tener al animal enjaulado o en un trasportín durante muchas horas acentúa este riesgo durante los meses de más calor.

Hemos conocido algunas cosas más sobre los golpes de calor en las mascotas, cómo se producen y también cómo prevenirlos, pero ahora vamos a explicar los síntomas para poder identificarlos al momento si tenemos la mala suerte de encontrarnos ante uno.

Un animal que esté sufriendo un golpe de calor comenzará a jadear y a intentar respirar con dificultad. Es posible que no quiera moverse y que no reaccione a las llamadas. Pronto,  podrá presentar un aspecto azulado en la lengua o encías debido a la falta de oxígeno y es posible que pueda comenzar a convulsionar. En los casos muy graves puede sufrir hemorragias intestinales y vomitar o defecar sangre. Si no se trata muy rápidamente la mascota sufrirá un fallo multiorgánico y morirá.

La prevención es importante para evitar el peligro del golpe de calor en el animal

¿Cómo actuar ante un golpe de calor?

Es importante que el animal acuda urgentemente a una clínica veterinaria, pero podemos aplicar unos primeros auxilios para intentar que la temperatura corporal de la mascota baje. Lo primero que tenemos que saber es que no podemos utilizar una técnica que baje la temperatura del animal de golpe, tal como sumergirlo en hielo o agua helada. Con esto se conseguiría una hipotermia, igualmente peligrosa para su vida. Tampoco se puede cubrir a la mascota con toallas húmedas.

El animal se debe de poner en un lugar fresco y aplicarle hielo en el hocico, axilas y en las ingles para conseguir que poco a poco se enfríe. Si se tiene a mano un ventilador se puede utilizar para refrescar el ambiente. Aunque hemos dicho que no se debe de cubrir con toallas húmedas, si se puede poner alrededor de su cuello o sobre la cabeza un pañito ligeramente humedecido.

Se puede acercar a la boca del animal un poco de agua, mediante una esponjita o un paño, dejando que gotee suavemente, pero sin forzar al animal a ingerir el líquido ni permitiéndole tampoco que beba demasiado.

En  el caso de que no se pueda acudir a una consulta veterinaria por estar demasiado lejos, se recomienda llamar por teléfono y pedir al veterinario que nos guie en los siguientes pasos a dar. Solo en casos extremos en los que resulte imposible comunicar con el profesional y los consejos anteriores no surtan efecto, puede sumergir a la mascota en agua a veinte grados de temperatura, o mojarlo con la misma utilizando un pulverizador.

Cuándo el animal recupere la respiración normal se puede tumbar sobre una toalla húmeda, sin envolverlo, para que se mantenga fresco.