Algunos geckos cambian de color y se mimetizan con el entorno, otros son de un tamaño menor que una falange de un dedo y otros son capaces de desprenderse de la cola si se sienten amenazados, por lo que no deben de cogerse jamás por ella.

Son lagartos de muy pequeño tamaño, a los que desde tiempos inmemoriales acompañan leyendas que los asocian al mal, pero que no tienen ninguna base ya que realmente son animalitos muy simpáticos y sociables.

Su casa

Antes de llevarlo a tu hogar asegúrate de que cuenta con una casa propia en las mejores condiciones. Dado que hay especies tan diferentes procedentes de países muy distintos, debes de preguntar qué temperatura y qué humedad deben de tener. Son sencillos de cuidar, pero debes de conocer sus necesidades.

Un terrario de cristal, un humidificador y climatización adecuada son las bases para montarle una casita acogedora al gecko, que se puede completar con un sustrato adecuado y algunas ramas. Piedras calefactoras le darán a tu lagartito el calor que necesita para estar a gusto y sano.

Su alimentación

Estos pequeños son unos glotones, pero no deben de comer otra cosa que no sean insectos o frutas, las cuales se las puedes dar en puré, en forma de potito para bebé si no tienes a mano frutas frescas o si te vas de vacaciones y vas a dejar encargada a una persona queriendo facilitarle la labor.

Recuerda que son animales propensos a los problemas de estómago, por lo que debes de darles la dosis justa de alimentos, impidiendo que coma otras cosas o que se empache debido a un exceso de comida a su disposición. También debe de tener siempre disponible agua abundante.

Otros cuidados

Recuerda que como todos los reptiles, el gecko no es un animal cariñoso al que le guste que le cojan. Este comportamiento puede causarle estrés y puede incluso llegar a morir a causa del mismo. Es un animal fácil de cuidar pero que se debe dejar en su jaula, observándolo sin tratar de interactuar en exceso.