Las diferencias del carácter

Es importante aclarar que las diferencias de comportamiento entre un macho y una hembra suelen desaparecer o al menos suavizarse mucho, cuándo se produce la castración, la cual es altamente recomendada para un gato que va a convivir con nosotros. Es tremendamente irresponsable escoger un macho porque aunque no lo castremos y salga fuera, no va a traer cachorros a casa. Debido a ser un macho entero, se va a meter en peleas territoriales y es posible que recorra muchos kilómetros cada día en busca de hembras en celo, lo que es muy peligroso para su integridad ya que se arriesga a ser atropellado, perderse o sufrir cualquier tipo de accidente.

Las hembras son generalmente más cariñosas y caseras por naturaleza, pero un gato castrado puede ser un autentico peluche achuchable.  Además, un macho castrado a una edad temprana es muy poco probable que marque el territorio, uno de los principales problemas que tienen en el hogar. Eso sí, el macho suele ser algo más grande y tiene tendencia a ser un poco más brusco, más brutote, incluso esterilizado.

La elección del sexo del gato a adoptar es cuestión de preferencias personales

Las preferencias personales

Algunas personas han tenido siempre en casa hembras o machos y han desarrollado una especial predilección por ese sexo. También hay quien tiene cariño por las gatas tricolor, y quién no quiere verlas ni en pintura por su especial carácter. Todo esto es importante y se debe de tener en cuenta, son razones subjetivas, pero totalmente válidas para tomar nuestra decisión.

Si tenemos dudas sobre el carácter del animal y si encajará con nosotros, una solución que aquí siempre defendemos es acudir a una protectora. Por desgracia, estos sitios suelen estar siempre desbordados y tienen muchos animales para escoger. Cómo los voluntarios tratan con todos ellos, saben si se llevan bien con otros animales, sin son cariñosos, si son más independientes, si llevan bien las ausencias prolongadas o si son muy nerviosos. De este modo nos pueden ayudar a encontrar uno que se adapte bien a nuestra forma de ser, al espacio con el que contamos y que cumpla también con esas preferencias personales que tenemos, incluida la de que sea macho o hembra.