1. Acostúmbralos desde pequeñitos a que tu habitación no es su territorio: los gatos no reaccionan bien a las puertas cerradas, pero en un piso siempre hay una puerta cerrada al menos, la de la calle. Así que, si tienen que aceptar esa,  ¿por qué no alguna más? La cocina o el dormitorio son en ocasiones espacios vedados y deben de serlo desde el primer día ya que si el animal duerme contigo de pequeño, será mucho más duro convencerle de que no lo haga de mayor.
  2. Sus camas siempre disponibles: no es buena idea que durante todo el día el gato esté por toda la casa y llegada la noche se les prepare el baño o la cocina para dormir, si no han estado allí durante todo el día o son sitios muy fríos. Su cama debe de estar en un lugar accesible durante todo el día, deben de poder dormir cuándo así lo deseen y debe de estar en un lugar fijo, tranquilo, por donde no haya mucho tránsito de gente (un pasillo no es buen sitio) y donde no haya corrientes.
  3. Una chuche siempre es buena idea: los rituales para antes de dormir son importantes en los niños, pero también en los gatos. Nadie te va a pedir que los arropes o que les cuentes un cuento, pero si dedicas un ratito a acariciar a tu gato y le das una chuche cuando lo vas a encerrar en la habitación donde duermen, es probable que a la hora acordada él ya te esté esperando para recibir su sesión de caricias y su chuche favorita.

Es una buena idea que la chuche que se le ofrezca al gato sea sana, que no le engorde y mejor si tienen un efecto positivo, como los bocaditos de malta para expulsar bolas de pelo o las que ayudan a mantener limpia su dentadura. Recuerda que con un gato ante todo hay que tener mucha paciencia y no cejar día tras día en los rituales y recompensas.