A pesar que no tienen tanto prestigio como otras razas con más pedigrí, los comunes europeos son unos gatos con mayúsculas. Se trata de estupendos cazadores, muy ágiles y efectivos, por lo que desde siempre han sido muy apreciados en gallineros y graneros dónde ponían a raya a los roedores que robaban el grano y los huevos.

Pero además se adaptan con facilidad a los pisos y a los apartamentos pequeños, ya que les gusta vivir con el ser humano. Con su familia de dos patas se muestran muy cariñosos y juguetones aunque son algo desconfiados con los desconocidos. Como se trata de felinos muy inteligentes es posible enseñarles pequeños trucos y juegos que en general les gusta aprender.

Su apariencia y su genética

El común europeo puede presentar diferentes aspectos. Los conocidos como atigrados o romanos presentan las características rayas oscuras en su pelaje, generalmente gris; los jaspeados o tabby presentan alguna rayita oscura salpicada por el cuerpo haciendo honor a su nombre; los monocolor son los más comunes y suelen ser blancos, negros o naranjas; los bicolor combinan estos dos tonos de diferentes formas. En el caso de las hembras pueden llegar a ser tricolores, esto es una característica de las féminas aunque excepcionalmente puede encontrarse algún macho así pero suele deberse a algún problema de tipo hormonal.

Cara de un gato común europeo

El pelo del común europeo es muy corto y suave y no necesita demasiados cuidados. Ellos mismos suelen asearse con la lengua, así que aunque nos olvidemos de cepillarlos a menudo se verán lustrosos y brillantes. Son gatos fuertes, que pueden tener un buen tamaño y que tienen un buen tono muscular.

Son gatos fuertes también a nivel genético, resistentes a las enfermedades y que no suelen presentar demasiados problemas de salud. En un piso y con buena alimentación y cuidados pueden superar los 18 años de vida, aunque su media anda en torno a los 15.

Es importante castrarlos, ya que son una de las razas que se reproducen con mayor rapidez.

Presume de tu común europeo

Así pues si tu gato lo has recogido de la calle, lo has adoptado en una protectora o procede de una camada de una gata de un amigo con padre desconocido, ya no tendrás que callarte cuándo alguien te diga que qué pena que no tenga raza.

Podrás decir orgulloso que tienes un común europeo, variedad tabby (o lo que corresponda), que como todo el mundo sabe es uno de los gatos con  mejor genética del mundo. Además de que ronronea como ningún otro y persigue el punto láser a una velocidad supersónica.