Las fobias más comunes en nuestras mascotas son hacia los ruidos, como los petardos, los  motores de los coches o el sonido de un teléfono; hacia el agua, los espacios abiertos, materiales en el suelo etc.;  y hacia personas determinadas como el cartero, un amigo en concreto o hacia otros animales.

Un animal con miedo normalmente puede reaccionar escondiéndose, tratando de huir de la fuente de su temor, pero también puede tratar de defenderse mostrando una actitud que puede confundirse con agresividad. En el caso de los perros pueden ladrar, mostrar los dientes e incluso morder,  pero no porque sean perros agresivos, sino porque el miedo les lleva a actuar de ese modo irracional. Los gatos pueden bufar y arañar por el mismo motivo.

Es relativamente fácil distinguir cuándo un animal está asustado y cuándo es agresivo.  La mascota con problemas de agresividad intentará atacar en cualquier momento y ante cualquier situación, no solo cuándo se encuentre ante aquello que despierta su fobia.

Diagnosticar una fobia

No es lo mismo una fobia que una manía o que un temor normal. Es lógico que nuestro perro o gato se sienta algo asustado si suena un petardo y no se lo espera o ante una tormenta. Pero si se pone a temblar, llora y se esconde, siendo evidente que siente un gran sufrimiento, estaríamos ante una reacción desproporcionada, que como hemos dicho antes es la base de una fobia.

Los perros suelen ser fáciles de interpretar y salvo confusiones entre miedo y agresividad, suelen dejar claro el motivo de sus miedos. Los gatos,  animales mucho más complicados y sutiles, pueden mostrarse muy raros sin que sepamos qué es lo que les pasa y puede resultar algo más difícil encontrar el motivo de sus actitudes.

Es importante saber cómo actuar ante una fobia de nuestra mascota

¿Cómo actuar ante una fobia?

El veterinario puede guiarnos para ayudar a nuestro animal a superar una fobia. En caso de que podamos anticiparnos a la situación, como en el caso de petardos en un día de fiesta,  podemos darle  a la mascota algún calmante de tipo natural que nos recomiende su especialista.

Es bueno actuar con naturalidad, si nos ponemos a abrazar al perro o gato, acariciándole y hablándole con consuelo estaremos potenciando que actúe así. Por el contrario es bueno tratar de jugar con ellos, hablarles con naturalidad y tratar de entretenerlos para que el mal rato pase cuánto antes y si es posible se olviden.

Si se trata por ejemplo de una fobia al agua, habrá que acostumbrar al animal poco a poco, sin obligarlo por la fuerza a entrar en la bañera o atarlo para usar la manguera.  Jugar con él, usar con cuenco para  mojarlo en vez de una manguera o el brazo de la ducha e incluso mojarnos junto a él son pequeñas ayudas para que no se sienta tan nervioso.

Premia cada avance que haga de la forma más conveniente, con una caricia, una felicitación o una de sus galletas favoritas.

En los casos más serios

Hay casos serios que pueden llevar a auténticos problemas de convivencia.  Adoptar un perro y descubrir que le tiene fobia al gato, o al contrario. O que cada vez que llegue a casa una visita nuestro perro tiemble de miedo y sufra.

Como sucede siempre que hay problemas de comportamiento,  si el veterinario no puede ayudarnos nos derivará a un etólogo, el auténtico especialista en el tema y el que podrá darnos las pautas y los tratamientos farmacológicos precisos en caso de ser necesarios.