En algunos casos el origen de estos miedos está en el entorno familiar. Frases como “si te portas mal el perrito te va a comer” o “como no te calles va a venir el gato y te va a comer la lengua” pueden calar en el influenciable subconsciente del niño y hacer que tenga miedo a las mascotas. Una actitud por parte de los padres demasiado protectora, impidiendo que el niño toque a los animales por miedo a las enfermedades o a que lo lastimen jugando, también puede acabar desencadenando estos problemas.

Síntomas de la fobia a las mascotas

Al hablar de una fobia no hablamos de que a alguien no le gusten los perros o los gatos, sino que nos referimos a un conflicto más grave que se suele manifestar con todos o algunos de estos síntomas:

  • Palpitaciones. Es uno de los primeros síntomas, el corazón se acelera y la persona siente como se pone nerviosa ante la presencia de un animal.
  • Sudoración. Inmediatamente, tras ese nerviosismo inicial, el miedo causa la aparición del sudor.
  • Temblores. Síntoma de que el miedo aumenta de intensidad, el cuerpo comienza a temblar de forma incontrolada.
  • Sensación de ahogo o atragantamiento, opresión en el pecho, náuseas y desmayos. Son los síntomas de un ataque de pánico. La persona comienza anotar que se ahoga y pierde el control o siente que puede perderlo, pudiendo llegar a perder la consciencia por el miedo tan fuerte que experimenta.

Un especialista, la mejor solución

En estos casos lo mejor es recurrir a un especialista. Este intentará encontrar la causa del miedo irracional a las mascotas y tratará de ayudar al paciente a resolverla mediante diferentes medios. En el caso de que no se encuentre el motivo o este parezca que no existe, las pautas serán semejantes.

En cualquier caso no se debe de tratar de forzar la situación con una persona que sufre de este tipo de problemas, siendo siempre el especialista el que de las pautas y ayude a marcar los ritmos de cada persona, estudiando los posible problemas que hay detrás de este rechazo.