Antes de que hubiera ciudades, había pastizales, bosques y selvas. Los animales terrestres han quedado relegados a los grandes espacios verdes pero las aves y las mariposas viajan entre los edificios con libertad. Se valen de los árboles urbanos para sobrevivir y podemos convertir nuestros patios, balcones y jardines en pequeños oasis para ellos.

Dependiendo del espacio con el que contamos, podemos esperar la visita de un número determinado de especies tanto de mariposas como de aves. Es importante recordar que los animales no comen cualquier cosa: buscan las plantas junto a las que han evolucionado durante miles de años. Colocar especies inapropiadas es la razón por la que muchos jardines son básicamente desiertos verdes. El uso de insecticidas es también un hábito que necesariamente debe abandonarse.

Dale prioridad a las plantas nativas de tu región, especialmente aquellas que dan flor y frutos.  Identifícalas en parques y veredas para poder recolectar semillas. Un experimento interesante consiste en dejar una maceta de buena tierra en el exterior y observar que plantas crecen de manera espontanea. Elimina aquellas que no deberían estar allí para favorecer el crecimiento de las que buscas. 

Las mariposas que pasean por nuestro jardín cumplen una función muy importante

La mayoría de las especies de mariposas vuelan desde primavera hasta otoño, hallándose la mayor diversidad de especies en verano. Coloca las macetas en rincones protegidos del viento en sectores soleados. Las aves buscan puntos de apoyo: árboles y arbustos los proveen naturalmente pero si tienes herbáceas, puedes colocar varitas para incentivarlas a no apurar su visita. Considera que son animales muy tímidos; evita invadir el espacio en las horas de mayor actividad: al amanecer y el atardecer. Puede parecer un abuso de tu hospitalidad pero a cambio te deleitarán con sus melódicos cantos.

Además de poder disfrutar de la belleza y graciosa compañía de estos bonitos animales, construir jardines amigables con la fauna urbana es un aporte a la conservación. La pérdida de hábitat  es uno de los factores que más especies arrastra cada año a la extinción. Aquellas que sobreviven a la devastación no tiene de que alimentarse o donde colocar sus huevos.

Las mariposas son de gran importancia ecológica: las orugas son alimento para una gran variedad de artrópodos cazadores y aves insectívoras, y sus hábitos herbívoros las convierten en grandes controladoras de la vegetación; su forma adulta, la mariposa, son activas polinizadoras. Libando néctar y acarreando polen de una flor a otra, contribuyen a la perpetuación de bosques y pastizales. Las aves cumplen un rol similar, diseminando semillas y controlando las poblaciones de invertebrados. Convertir ese espacio vació o desierto verde en un oasis para la fauna urbana es sencillo y los beneficios grandes.