¿Cómo viven?

Los habitantes de Lancaster dan vida a la segunda comunidad de Amish más grande del mundo y su vestimenta y viviendas son las mismas que había en el siglo XVII, como cuando sus antepasados llegaron al continente americano. Su vida gira en torno a la religión, y en concreto al Nuevo Testamento, pero es algo más que eso; es una forma de vida donde ellos sostienen que habitan en paz, harmonía y alejados del ‘mundo moderno’. Las mujeres llevan siempre vestidos con estampados sencillos, siempre acompañados de un delantal y cubriendo su cabeza con una cofia de color blanco. Los hombres van con pantalón y chaqueta negros o gris oscuro, acompañados de sombreros negros o gorros de paja cuando visten ‘más informal’. No utilizan ningún aparato tecnológico como móvil u ordenador y no usan vehículos para su desplazamiento.

Con la excursión toda la familia puede disfrutar de las tradicionales costumbres de los Amish

La forma para ganarse la vida de la mayoría de las familias Amish es a través del sector primario siendo agricultores y ganaderos principalmente. También se dedican a otros oficios como carpinteros, herreros o joyeros e incluso venden sus artículos artesanos en las poblaciones cercanas ante la mirada de cientos de turistas curiosos. Los niños Amish tienen derecho a renunciar a esa vida cuando cumplen los 16 años, ya que la comunidad les da la oportunidad de conocer ‘el resto del mundo’ y que ellos decidan qué camino continuar en sus vidas; sólo unos pocos deciden separarse del resto de Amish. Sin embargo, pertenecer a una comunidad Amish no significa que ellos no puedan interactuar con los ‘vecinos’ de los pueblos de al lado o degustar la comida que se sirve en los restaurantes ‘convencionales’. Pueden usar un teléfono en caso de emergencia y siempre en uno que sea público. Simplemente quieren preservar su estilo de vida, pero no por ello están totalmente aislados del resto del mundo.

Qué nos podemos encontrar

Lo más recomendable nada más llegar a Lancaster es visitar la Granja-Museo de los Amish ya que allí se puede tener toda la información necesaria sobre las tradiciones y costumbres que durante años ha mantenido esta comunidad. Para saber de primera mano cómo viven, en el interior del museo se recorre una típica casa Amish y se explica el método de vida en el que la tecnología y lo moderno no están presentes. También se pueden ver sus rudimentarias herramientas de trabajo así como sus antiguos carruajes que nos harán retroceder en el tiempo varios siglos atrás.

También es muy recomendable parar en alguno de los comercios de hostelería en los que se puede degustar comida casera preparada por los Amish. En estos restaurantes todos los alimentos que se sirven a los clientes son productos totalmente frescos ya que han sido cultivados y recolectados por ellos mismos. ¿Puede existir algo más sano y natural que disfrutar de una exquisita comida sin ningún tipo de intervención química en su elaboración?

Aunque existen excursiones organizadas que te llevan hasta esta zona, lo más recomendable es que alquiles un coche y ‘te pierdas’ por los caminos y carreteras de tierra que rodean Lancaster. Podrás disfrutar de un paisaje de ‘otra época’ con pintorescas casitas, niños vestidos de época jugando en la calle o miembros Amish cultivando en el campo. Si viajas desde alguna de las poblaciones cercanas como Nueva York, Washington o Filadelfia, puedes desplazarte en autobús o tren hasta alguna de las poblaciones de Pensilvania y después llegar a Lancaster alquilando un vehículo.