Pero como no todo es idílico, también ocurre que pueden sacar a relucir discusiones largo tiempo guardadas y que, tras unos chupitos y un par de copas, pueden ser especialmente peligrosas. En muchos casos, a estas cenas se suman los jefes o los superiores directos, lo que hace que sean todavía más peligrosas.

Por eso, necesitas un manual básico de supervivencia a las cenas de empresa, esos compromisos a los que normalmente nos sentimos obligados a acudir o incluso acudimos de buena gana, pero que pueden tener un afilado doble filo. Estos son los consejos más elementales para sobrevivir a las cenas de empresa:

  • No bebas o bebe lo mínimo: No tienes por qué dar a entender que no estás bebiendo. Solo deja tu copa llena de vino durante la cena y solo de vez en cuando dale un pequeño sorbo para disimular. Si alguien se pone muy insistente ponle cualquier excusa de salud que suele ser la única que no se suele discutir. El alcohol puede llegar a soltarnos demasiado, así que es mejor dejarlo en una copa de vino y un chupito y quedarse con las ganas y no lamentar al día siguiente alguna salida de tono o algún comportamiento demasiado desinhibido, especialmente ahora que todo queda en un teléfono móvil.
  • Cuidado con el exceso de “colegueo”. Incluso sin el alcohol las cenas de empresa tienen algo que llevan a la amistad, las risas y un colegueo que puede llegar a ser excesivo con determinadas personas que al día siguiente volverán a ejercer como nuestros superiores. Incluso si son ellos los que se pasan con las copas y tratan de ser tus amigos del alma, es bueno saber frenarlos siendo amables. Evita especialmente las confesiones que algunas personas hacen con un par de copas de más y que seguramente le harán sentir muy avergonzado al día siguiente. Quizás su reacción sea solo esa, pero también podrías acabar sufriendo consecuencias porque a esa persona se le haga molesto verte y recordarlo.
  • Una broma solo es graciosa si también se ríe la “victima”. Si se van a hacer bromas en una cena de empresa, aseguraos de que van a ser divertidas para todo el mundo. No hay nada peor que acabar siendo la victima de bromas de mal gusto ya que no solo está el rato desagradable que la persona va a pasar delante de todo el mundo, sino que este tipo de bromitas se pueden convertir en coletillas y gracietas que se repitan día tras día en la oficina. Si dudas sobre si una broma puede ser graciosa mejor no la hagas. Recuerda que una vez que abres la puerta  este tipo de cosas nadie te garantiza que tú seas el siguiente en sufrirlas.