1) Que vayas de blanco. Esto es un clásico, se supone que a estas alturas no hay una sola mujer que no sepa que a una boda no se va de blanco y mucho menos con traje largo blanco. Pero no importa cuánto se diga, siempre aparece alguna con excusas muy malas (tenía el traje de una comunión, lo compré y no me di cuenta del detalle…)

Es el día de la novia y solo ella tiene derecho a destacar con ese color. Incluso si sabes que no lo ha escogido para la boda, tienes todo el arcoíris para elegir sin tener que recurrir al único tono que está reservado. Sin importar lo muy de moda que esté ese verano.

2) Que trates de demostrar tus dotes de cantante. Los novios escogen un tipo de música determinada a su gusto. Es su día y tienes que respetarlo. Así que no parar de pedir a los músicos los temas que a ti personalmente más te interesan es una verdadera falta de educación. Y eso por no hablar de subirse al escenario.

Tratar de lucir en el escenario cantando algún tema, por mucho que se lo dediques a los novios, solo será visto como un intento de lucirte tú misma y de adquirir un protagonismo que no te corresponde en ese día. Deja que la novia reluzca y ya tendrás tu momento en cualquier karaoke.

3) Evita las frases efusivas en la iglesia. Entra la novia en la iglesia y se oye una admiración generalizada. Todo es bonito y solemne hasta que la típica amiga con ganas de protagonismo empieza a gritarle ¡Guapa! Y frases similares como si estuviera en una pasarela.

En algunos casos se llega a extremos como el de decir todo tipo de frases supuestamente amorosas cuando se están dando el “sí quiero”. A nadie le interesan tus frases ni tus alabanzas, es el momento de escucharlos a ellos, no de que se rompa el encanto con interjecciones que no vienen a cuento. Además, tendrán que aguantarlas cada vez que vean el vídeo, con lo que seguro que no solo la novia, también el novio llegará a odiarte.

4) No intentes emular a Chicote ni mucho menos al chef Ramzi. Y aquí sí que se puede enfadar a ambos novios por igual. Ellos se han esforzado en elegir un buen restaurante y en invitar a todos sus amigos con el mejor menú que se han podido permitir. ¿De verdad te parece oportuno comenzar a criticar el servicio o la comida como si estuvieras en un episodio de “Pesadilla en la Cocina”?

A nadie le importa que, según tu opinión, al vino blanco le falte un grado para estar en su temperatura perfecta o que el marisco no parezca de la costa más cercana. Guarda tus opiniones y destaca solo aquello que te parezca agradable y bueno.