Pero seamos realistas, muchos de nosotros detestamos hacer ejercicio, y no es cosa para sentirse mal, sino algo que nos invita a retarnos a nosotros mismos y buscar un ejercicio que nos haga disfrutarlo, amarlo y volverlo una forma de vida.

Busca el deporte o actividad que disfrutes

Probablemente pienses ¡ya he probado varios deportes y ninguno me satisface!, pero quizá no los has probado preguntándote primeramente sobre cómo encaja con tu personalidad. Si tienes un carácter fuerte y combativo, por qué no probar con karate o kickboxing, si eres alguien calmado y un tanto perezoso, quizá el yoga sea para ti. Busca primeramente tu personalidad, para después ver qué actividad te irá como anillo al dedo.

Realízalo como más disfrutes

Sí, quizá hayas leído que hacer ejercicio entre varias personas anima mucho a seguir con el cometido de no renunciar, pero qué pasa si disfrutas más de la soledad o si solamente te sientes cómodo entre amigos y amigas, sucede que renunciamos no por odiar el deporte, sino por detestar el entorno. Tomemos la disciplina del ejercicio como más la disfrutemos para asegurar nuestra perseverancia.

Es importante encontrar la motivación adecuada para que nos ayude a esforzarnos para practicar el deporte con el que más agusto nos sintamos

Si ya no lo disfrutas, renuncia a él

Se dice mucho que renunciar es de débiles o que es algo negativo, pero no dejar una actividad física por no renunciar, jamás será sano. Si no disfrutamos de un deporte cambiemos a otro, y si ese no nos satisface, busquemos otro más, después de todo la única forma de hacerlo un pilar de nuestra vida, es disfrutándolo, no sufriéndolo.

Mantén la actitud correcta

Aun cuando busquemos y busquemos sin satisfacción, no nos demos por vencidos, pues en esa búsqueda y probar de disciplinas de ejercicio, nos estaremos poniendo en forma hasta dar con el deporte que gocemos al máximo.

Conviértelo en una forma de vida

Y una vez que tengamos el deporte que sí nos agrade y la actividad física que disfrutemos, no es recomendable verlo como un “tengo que hacer” sino como algo grato por realizar en el día, como comer una rica comida o pasar un tiempo en internet, mientras menos obligación pongamos en la disciplina de ejercitarnos, más se volverá algo natural y regular por hacer, y no una obligación.