Análisis personal

Saber cómo eres te ayudará a conocer qué tipo de titulación sería más apropiada para ti y para que más adelante seas un buen profesional en el sector. Según tu carácter puedes optar a un tipo de trabajo u otro, ya que por ejemplo una persona introvertida no disfrutará en una carrera en la que haya que ser ‘abierto’ y atrevido como Relaciones Públicas o Publicidad. ¿Qué se te da bien? Debes conocer tus virtudes y puntos fuertes para saber qué podrías aportar en una empresa simplemente por tus ‘dones naturales’. Una persona con habilidad de escritura podría encajar mejor en una carrera de Humanidades que en una titulación relacionada con las Ciencias; las materias en las que ahora mismo saques buenas notas son un reflejo de lo que más te gusta y mejor se te da.

Por eso, también debes hacer un análisis personal y ver cuáles son tus debilidades, ya que aquellas personas con aprensión a las agujas o la sangre no podrían trabajar en la sanidad. Sin embargo, la mayoría de las veces el impulso que nos lleva a elegir lo que vamos a estudiar es básicamente nuestros gustos y aficiones. También es importante tener imaginación y visualizar cómo nos gustaría vivir en diez años, y quizá esto determine dónde nos gustaría vivir y cómo ganarnos la vida. En definitiva, haz un primer listado con tus habilidades y virtudes, otro con tus defectos y una tercera columna que incluya tus gustos e intereses de futuro; con ello haz una lista final con 5 carreras que se ajusten a los parámetros anteriores.

¿Cuál es mi carrera profesional?

  • Abanico de posibilidades. Para descartar de las posibles titulaciones que podrían interesarte según el análisis personal realizado con anterioridad, vamos a ver objetivamente las posibilidades de futuro que tendrían en un periodo a corto y a largo plazo. Para eso, hay que pensar que las nuevas tecnologías están haciendo que las profesiones cambien, y en muchas empresas los trabajadores son polivalentes y por ello no ejercen una tarea concreta. Lo mejor es que consultes con personas que trabajen actualmente en las materias que te interesan y te cuenten sus experiencias; nadie mejor como alguien que ‘está dentro’ para sincerarse con las futuras generaciones sobre si su empleo está en auge o quizá es mejor tomar otro camino. Aunque en ocasiones la familia puede determinar los estudios, la decisión final debe ser propia y si no estamos seguros recurrir a un orientador para ver si realmente estamos eligiendo una carrera adecuada a lo que nos hará felices. Y es que al fin y al cabo elegir nuestro futuro es decidir qué nos gustará hacer cada día para ganarnos la vida, así que evita las posibles ‘modas’ del momento o las opiniones generalizadas de personas ajenas a tu círculo más cercano.
  • Futura oferta. Evidentemente el futuro es un factor que también nos ayuda a determinar nuestra decisión. El periodo de estudios que queremos realizar, el método de realización (presencial o a distancia) o la localización donde vamos a desarrollar nuestra formación tenemos que tenerlos en cuenta. Y es que ésta última es esencial ya que no todas las poblaciones cuentan con un gran abanico de titulaciones; hay que saber si se estaría dispuesto a cambiar de domicilio o si nos ‘atan’ factores familiares o económicos a nuestro lugar de residencia. Una vez resueltas estas cuestiones, analiza el panorama laboral actual aunque de forma generalizada ya que la economía, y por lo tanto el empleo, fluctúan en ascenso y descenso de forma cíclica. Por lo tanto, las salidas laborales, la dificultad en relación con tus posibilidades de implicación y el coste monetario que te puede suponer serán las últimas premisas que determinarán tu decisión en función con tus necesidades personales.