La perrera municipal

La perrera municipal depende del ayuntamiento de cada ciudad, pero suele estar gestionada por una empresa privada. Se trata pues de un negocio en el que los responsables, a cambio de un dinero del ayuntamiento, realizan diferentes tareas. Pero siempre esperando obtener un beneficio.

A la perrera van a parar los animales que vagan por las calles, normalmente, tras una denuncia por parte de algún ciudadano. Se envía al lacero, el cual captura al animal y este es trasladado a las instalaciones de la perrera municipal. También se recoge a animales que la gente lleva porque ha encontrado.

Aquí se comprueba si el animal tiene algún tipo de identificación, preferiblemente microchip. Si no es así la ley les obliga a tener al animal durante un cierto tiempo, que suele rondar los veinte días. Pasado este plazo, si hay sitio en las instalaciones, el animal podrá quedarse un tiempo más a la espera de ser adoptado, pero en el momento en que no haya espacio, se sacrifica a aquellos que estén enfermos o que lleven más tiempo y no hayan encontrado un hogar.

Perrera municipal

Cuándo una persona acude a adoptar a un animal a la perrera municipal, generalmente no se pide ningún requisito, en algunos casos ni tan siquiera se obliga a colocar el chip al animal antes de llevárselo. Tampoco se hace un seguimiento posterior para asegurarse de que la mascota ha caído en buenas manos.

Las protectoras de animales

Las protectoras de animales son asociaciones sin ánimo de lucro en las cuales trabajan voluntarios, es decir, personas que no reciben un sueldo por su colaboración. En caso de protectoras muy fuertes pueden existir empleados fijos para tareas concretas de cuidado de animales, pero todo el dinero gestionado por la protectora va destinado al pago de estos sueldos y al cuidado de los animales, no a producir beneficios.

Las protectoras recogen a animales abandonados, incluso a algunos con dueño, debido a  que este  ya no puede atender a su animal por diferentes motivos personales. Aunque lógicamente las protectoras cuentan con un número limitado de plazas, tanto en sus instalaciones como en las casas de acogida que colaboran con ellas, los animales no tienen un tiempo máximo de estancia y tan solo se sacrifica a aquellos enfermos que estén sufriendo y por tanto sea aconsejable la eutanasia.

Adoptar en una protectora conlleva ciertos trámites y compromisos. Para empezar, al adoptante se le suele pedir una pequeña cantidad de dinero destinada a cubrir los gastos de las vacunaciones, chip y cuidados del animal, que se entrega totalmente revisado y con su cartilla a punto. Además de esto, el adoptante se compromete a permitir que la protectora realice un seguimiento para asegurarse de que cuidan debidamente a la mascota, pudiendo retirarla si no se cumplen los compromisos adquiridos.