Los motivos que llevan al perro a la depresión son muy variados, en muchos casos se sabe que se han puesto enfermos tras la muerte de uno de los miembros de la familia, ya sea humano u otro perro.

También pueden deprimirse por falta de atenciones o por soledad, ya que los perros llevan muy mal permanecer horas y horas en casa sin nadie en el hogar. Los celos también pueden llevarlos a estados muy depresivos.

Lo primero que se nota en un perro con depresión es un cambio en sus hábitos. Ese alegre peludín que acudía a recibirte a la puerta dando saltos de alegría deja de hacerlo y se queda indiferente en un rincón.

Puede ser que deje de mostrarse animado ante la idea de sus salidas diarias y ni siquiera una chuche lo haga salir de su apatía. También suelen dejar de comer.

Pero algo en lo que debemos de fijarnos con especial atención es en la mirada del perro. Los canes son muy expresivos y si se sienten tristes y deprimidos se va a reflejar en la expresión de su rostro y en sus ojos. Y esto es algo que seguramente no va a pasar desapercibido a ningún propietario.

¿Cómo tratar la depresión?

El primer paso es descartar que la depresión se deba a un problema físico, por lo que el veterinario realizará una revisión completa al animal, asegurándose de que está sano y no hay problemas.

Hecho esto, lo habitual es tener una conversación con su dueño para saber si ha habido cambios en la rutina del perro o en la de la familia, que puedan haber repercutido negativamente en el animal.

Seguramente, de este modo, se encuentre rápidamente la causa de la depresión y se le pueda comenzar a poner remedio mediante pautas especialmente pensadas para cada caso.

Se trata de, en función de los gustos y preferencias del perro, lograr que este recupere sus ganas de vivir y vuelva a sentirse contento y animoso. En los casos más difíciles puede ser preciso recurrir a medicaciones antidepresivas similares a las que se utilizan con seres humanos.