• Elige el deporte que más de te guste. Ante todo y lo más importante es que lo que hagamos nos guste. Y especialmente si no estás acostumbrado a hacer deporte de forma continua, lo mejor es que empieces eligiendo el deporte que más te gusta. Cuando cojas una rutina y según el tipo de objetivo que quieras obtener en tu cuerpo, podrás ir combinando el tipo de actividad a realizar. Puede que al principio te resulte duro llevar un buen ritmo, pero verás que siendo constante acabarás disfrutando al 100% del deporte que más te interese.
  • Cambia de rutina. No debemos hacer todos los días el mismo ejercicio para no sobre-cargar a nuestros músculos, así que lo ideal es que combines el tipo de actividad. Es decir, si corres 3 días a la semana emplea los demás para tonificar haciendo abdominales y flexiones, hacer algún deporte en grupo como jugar a pádel o realizando unos minutos al día alguna coreografía aeróbica. Cambiando la rutina de ejercicios pero siendo riguroso en su realización, harás que cada día sea diferente y te será más fácil ‘obligarte’ a ti mismo a realizarlo que si hicieras todos los días un ejercicio similar.
  • Al comenzar el día, mejor. Aunque debido a la falta de tiempo solemos hacer deporte al finalizar el día, siempre es mejor hacerlo a primera hora de la mañana. Tanto el cuerpo como nuestra mente están descansados y por lo tanto es más fácil centrarnos sólo en la actividad. No hay nada mejor que ir a trabajar tras haber realizado unos minutos de ejercicio y después de darnos una buena ducha. Te sentirás mejor contigo mismo y afrontarás el día de una manera más positiva.
  • Marca objetivos. Y aunque seamos constantes, es muy importante que nos rijamos por unos objetivos que nosotros mismos nos impongamos. ¿Qué quieres conseguir haciendo deporte? ¿Buscas perder peso, tener un vientre plano, sentirte mejor contigo mismo…? Siempre debemos tener un motivo por el que hacemos ejercicio, ya que aunque consideremos que lo hacemos por placer, siempre habrá algún momento de nuestra vida que estemos decaídos, deprimidos, hinchados; y necesitaremos recordarnos por qué hacemos deporte. Estos objetivos irán cambiando si nuestra actividad física es rutinaria, pero es importante que lo plasmemos en un papel o en algún sitio visible al que podamos recurrir si tenemos un momento de ‘flaqueza’.
  • Controla la alimentación. No sirve de nada hacer deporte todos los días o un par de veces a la semana, si después no llevamos un control sobre lo que comemos. Más del 50% de nuestro peso y cómo nos sentimos física y mentalmente depende de nuestra alimentación; más incluso que de hacer ejercicio o no. Por lo tanto, no debemos tomarnos a la ligera lo que comemos pensando que luego ‘lo quemaremos’ cuando hagamos deporte. Es importante que anotes, sobre todo al principio, todo lo que ingieres, que hagas 5 comidas al día y que tu sistema adquiera variedad de nutrientes, especialmente los que encontramos en frutas y verduras.
  • El deporte mejor en compañía. Para los más perezosos, lo mejor es que busquéis un ‘compañero de deporte’, ya que no hay nada más entretenido que poder compartir con alguien una actividad con la que disfrutas. Al principio puede que tu acompañante sea una excusa para ‘obligarte’ a hacer ejercicio, pero si ambos vais a un ritmo similar y os encanta ese deporte, seguramente acabarás convirtiendo este hobbie en tu pasión.
  • Pon ritmo a la actividad. Y si no puedes compartir tu momento de actividad física diaria con nadie, encontrarás un buen aliado escuchando música. No sólo te motivará, sino que te hará desconectar totalmente de las preocupaciones para que sólo te centres en ti, en tu cuerpo y en realizar el ejercicio correctamente. Además, si escuchas las mismas canciones de forma diaria, tu mente asociará esa música con un determinado ritmo y con un entrenamiento concreto y conseguirás que en pocos días hagas la misma actividad haciendo mucho menos esfuerzo.