La ejercitación física programada en períodos de recuperación ha dado siempre muy buenos resultados, disminuyendo la posibilidad de arritmias y mortalidad, desarrollando las capacidades para enfrentar con normalidad la vida cotidiana.

Patologías que permiten ejercitarse

La patología más frecuente es la estenosis mitral, un trastorno en la válvula que impide que se abra correctamente, la práctica recomendada es caminar a paso de marcha, ciclismo, natación, esquí, golf sin llegar a esfuerzos violentos y tendientes a mejorar la función cardio-respiratoria.

Para enfermedad coronaria se pueden aconsejar ejercicios isotónicos (dinámicos) ya que los isométricos (estáticos) pueden elevar la presión y esto no es conveniente para esta enfermedad. Los ejercicios dinámicos que se basen en una repetición frecuente de movimientos de baja resistencia son los mejores: caminar, nadar, correr, remar o andar en bicicleta. Este tipo de ejercitación refuerza la capacidad funcional y de este modo hay un menor trabajo cardíaco.

Actividades para enfermos del corazón

El trabajo físico constante además reduce el colesterol total aumentando el colesterol HDL. Reduce la concentración de glucosa y la unión de la insulina a receptores celulares por esto los diabéticos que hacen ejercicios tienen menos necesidad de insulina.

En el caso de cardiopatías lo recomendable es empezar por modificar la dieta con complementos de sustancias antioxidantes siguiendo con un programa de ejercicios que contengan una fase inicial de calentamiento, a continuación adaptación muscular y ejercicio aeróbico dinámico concluyendo con un enfriamiento progresivo.

Para concluir es conveniente tener en cuenta el uso de ropa suelta, que permita transpirar y un calzado que sostenga el pie disminuyendo las cargas en las articulaciones inferiores.