En la mayoría de los casos se trata de personas con una gran sensibilidad que pueden tener carencias afectivas o haber pasado por una mala situación que los ha hecho volcarse en sus mascotas hasta la obsesión. Esta puede ser hacia un animal en concreto o no tener límites, llegando a causar problemas como el conocido síndrome de Noé. Las personas que sufren esta enfermedad acumulan en su casa más y más animales que recogen de las calles, perros o gatos principalmente, pero sin darles los cuidados necesarios y siendo incapaces de ver el daño que pueden llegar a causar a estos peludines. Evidentemente, su intención es cuidarlos y en muchos casos creen que son los únicos que pueden hacerlo, por lo que se niegan a darlos en adopción o a permitir que se los lleven las protectoras.

Síntomas de dependencia emocional en dueños de mascotas

La dependencia tiene muchos grados y se manifiesta de formas muy diferentes. Algunas personas llegan a dejar de lado a amigos y familia para centrarse en sus animales, negándose a ir a ningún sitio a donde no pueda entrar su perro, por ejemplo. Esto llega a causar auténticos problemas ya que en casos extremos incluso intentan entrar con ellos en centros médicos o dejan de ir a las consultas para no separarse de ellos.

Otras personas se obsesionan por sus cuidados. Acuden al veterinario ante cualquier síntoma por mínimo que sea y se pasan horas y horas leyendo sobre su alimentación y cuidados hasta puntos muy extremos. No les importa no comprarse cosas necesarias para ellos mientras sus animales estén atendidos conforme ellos creen y normalmente nunca les parece suficiente lo que hacen.

También hay quien simplemente se refugia en el animal en momentos de soledad y este se convierte en su apoyo, pero también en su obsesión y su único amigo. Con él cubren sus carencias afectivas y sienten que no necesitan más, pero cuando este le falta, el choque emocional puede ser muy intenso.

¿Qué hacer?

Realmente es difícil que una persona que tiene este problema sea consciente de él por sí misma y ante cualquier intento de familiares y amigos por hacérselo ve reaccionarán a la defensiva, pudiendo incluso cortar el contacto. En ningún caso se le debe de quitar al animal u obligarle a separarse por la fuerza.

Si se cree que alguien de nuestro entorno cercano puede estar sufriendo este problema lo más adecuado es realizar una reunión familiar y acudir al médico para que nos recomiende a un psicólogo especializado en este tipo de problemas emocionales que puede darnos las pautas para ayudar a esta persona a ser consciente de que tiene un problema y que hay personas dispuestas a ayudarla.