Comer bien para tener una piel sana

Las frutas y verduras nos ayudan a tener una alimentación sana y equilibrada y además nos aportan al organismo los nutrientes necesarios para los cuidados de nuestra piel. Para producir el colágeno que necesita la dermis es necesario ingerir productos ricos en proteínas y ácidos grasos. Para estimular la producción de colágeno debemos consumir frutas que aporten vitamina C como el melón, la piña, la naranja, el kiwi o el limón. Algunas verduras que también son buenas para nuestra piel son la berenjena, las espinacas, la col y la escarola. Si te gustan los frutos secos te ayudarán a producir colágeno las almendras, los piñones, las nueces, las castañas y los pistachos; siempre y cuando los tomes de forma moderada.

Limpieza de la piel del cuerpo

Para hacer más efectiva dicha limpieza de la piel del cuerpo es muy importante que la exfoliemos. Como con esto eliminamos las células muertas de la dermis, sólo debe hacerse una vez por semana o al menos cada 5 días. Esta exfoliación la debéis hacer con más hincapié en aquellas zonas más expuestas a los cambios bruscos de temperatura o de climatología, como son los brazos, piernas y sobre todo la cara. Al quitar las células muertas, hacemos que los productos que nos vayamos a aplicar posteriormente para limpiar e hidratar la piel penetren con más eficacia. Además, si mantenemos este hábito a lo largo del año, conseguiremos que el bronceado se mantenga durante más tiempo. Hay varios tipos de exfoliante para el cuerpo, y según el tipo de piel que tengamos deberemos usar uno u otro; para pieles grasas o gruesas es preferible que el grano sea grande, mientras que para las más sensibles o de piel seca es mejor de grano pequeño.

Del mismo modo que lavamos y cuidamos el cabello con múltiples productos como champú, suavizante, protector del calor o mascarilla, es importante que hagamos lo mismo con nuestra piel. Cuando ésta ha estado expuesta durante un periodo prolongado ante el sol, calor, agua o viento, debemos poner especial cuidado en ‘sanearla’. Para ello, debemos aplicarnos después de la ducha un tónico refrescante o echarnos agua de rosas en caso de que la tengamos muy roja o incluso quemada. Esto debemos hacerlo dos veces al día, por lo que una de las veces lo haremos tras tener la piel limpia y la otra antes de acostarnos o después de levantarnos, según a la hora del día que nos duchemos habitualmente.

¿Cómo hidratar la piel?

Tras la limpieza siempre va la hidratación, por lo que si limpiamos la piel dos veces al día también deberemos hidratarla en dos ocasiones a lo largo de la jornada. Para el día te recomendamos que utilices protección solar en el caso de que todavía el sol y el calor predominen en tu ciudad, o en el caso de que tu piel haya quedado muy dañada, uses una hidratante que aporte vitaminas o aceites que ayuden a acelerar el proceso de reparación de la dermis.

Por la noche tienes tres opciones para una correcta hidratación de la piel, utilizar una hidratante normal, aplicarte una crema específica de noches o usar un sérum de tratamiento. Según nuestra edad y tipo de piel esta última opción puede ser muy recomendada ya que hay sérums rejuvenecedores, remodeladores, antimanchas, antiarrugas, reafirmantes o antioxidantes. Suelen ser tratamientos caros, pero los resultados son mucho más efectivos que si sólo utilizamos una hidratante genérica. Para la aplicación del sérum es importante que te eches unas gotas en las manos y lo apliques dando suaves toques en la zona dañada o haciendo un pequeño masaje con movimientos repetitivos hasta que quede totalmente absorbido.