Cuando los gobiernos no tienen dinero suficiente para afrontar los problemas más urgentes de un país, las cuestiones referidas al medio ambiente aparentemente pueden esperar. Y, si tú lo analizas, incluso te parecerá lógico. Pues, si hay crisis económica, se paralizan los procesos de mejora o cuidado de la naturaleza, los espacios verdes, el reciclaje, los bosques, los glaciares, la flora y la fauna.

Si no hay euros para asistir a los más pobres, tampoco los habrá para invertir en transportes menos contaminantes o tecnologías que no afecten al medio ambiente o programas de concientización sobre el reciclaje de residuos. Es sumar dos más dos: si no hay recursos para cuidar el planeta, la labor es casi imposible.

Es entendible que eso suceda en países como Grecia, que en este momento están pendiendo de un hilo. Pero la crisis económica tiene sus consecuencias medioambientales. Si no se puede destinar dinero a programas ecológicos o invertir en nuevas formas de desarrollo sustentable, podrá suceder lo siguiente:

  • Se incrementará el nivel de contaminación en el aire, los suelos y el agua, con el lógico impacto en el ecosistema;
  • Habrá más incendios forestales o la misma cantidad pero de mayor intensidad y será más difícil extinguirlos;
  • Mayor avance de la desertización, que se traducirá en la pérdida de fertilidad de los suelos y graves modificaciones en la diversidad de los mismos;
  • Cada vez habrá más sequías, con la consiguiente disminución de cosechas y suelos aptos para la agricultura;
  • Reducción de la actividad turística a causa del empobrecimiento de las condiciones económicas, sociales y naturales de las ciudades y los pueblos;
  • Se elevará el consumo de combustibles fósiles (carbón, gas natural y petróleo), puesto que son más económicos que las energías limpias como la solar o la eólica;
  • Habrá mayor nivel de deforestación, con la consecuencia de que el dióxido de carbono será liberado en la atmósfera o en los océanos debido a la falta de árboles.

Todos los problemas recién indicados necesitan un nivel alto de inversiones por parte de los estados, que en casos de haber recortes no se podrán sostener. En momentos de crisis, las problemáticas medioambientales que no pueden resolverse tienen un efecto multiplicador. No sólo se perderán empleos en el sector de las organizaciones que defienden la naturaleza y el planeta sino que también impactará en la cantidad de alimentos producidos para ser consumidos por las poblaciones de los países, así como también en el agua que se necesita para beber o higienizarse a diario.

Las amenazas al medio ambiente en tiempos de crisis parecen no ser lo más urgente a resolver. Sin embargo, a largo plazo, son bombas de tiempo. Los gobiernos necesitarán mucha astucia para sobrellevar la crisis y, al mismo tiempo, no hipotecar el futuro del planeta en el que vivimos.