Aunque es muy difícil saber que se les pasará por sus peludas cabecitas, los etólogos dicen que este comportamiento es su forma de indicar que te han aceptado como parte de su “familia gatuna”, tratándote como si fueras otro gatito de su camada o de su colonia.

Ese gato torpe y grande que me da de comer

Algunos afirman que más o menos así es como nos ven algunos de nuestros mininos, que agradecen nuestros cuidados y atenciones pero a los que nuestros movimientos les deben de parecer torpes y desgarbados. Es lógico que piensen que no somos precisamente el mejor cazador del mundo.

Algunos gatos traen a sus dueños presas muertas y se las dejan en la puerta de casa o se las ponen sobre las manos. Hay dos teorías que tratan de explicar esto, relacionadas con el razonamiento anterior de que no somos buenos cazadores. Algunos estudiosos creen que es un regalo que el gato nos hace: no sabemos cazar bien, así que nos traen algo para que podamos comer carne fresca. Otros consideran que repiten lo que han aprendido de su madre y tratan de protegernos, cuidarnos y de paso ver si se nos pega algo y aprendemos por fin a cazar nosotros.

En ocasiones el gato puede sorprendernos con alguna de sus presas

Sea cual sea la explicación, lo cierto es que es un acto generoso por parte del animal que en ningún caso debe de ser regañado por ello. Por mucha pena que nos dé el pajarillo o la presa escogida, debemos de pensar que es instinto natural y supervivencia, no crueldad. Y, desde su punto de vista, un acto de cariño hacia nosotros.

Gatos con poderes paranormales

Algunas personas se asustan cuando se encuentran a su gato parado en mitad del pasillo, mirando fijamente hacia un punto indeterminado como si vieran algo que nadie más puede ver y quizás maullando. A veces repiten esta conducta siempre en un mismo punto. De esta costumbre se ha llegado a conclusiones del tipo de que los gatos ven fantasmas o que tienen percepciones paranormales.

Lo cierto es que tratándose de un gato es muy fácil que pueda ver algo que nosotros no vemos, pero nada de otros mundos. Cosas tan simples como una mancha en la pared,  que en esa zona la luz incida de un modo especial y vea volar pelusitas o que haya un minúsculo insecto, justifican este comportamiento tan raro para nosotros.