En sus primeros meses de vida, las cosquillas pueden favorecer al desarrollo de las vías nerviosas del tipo sensitivo, los cuales son los encargados de llevar la información al cerebro sobre los posibles estímulos que el cuerpo reciba como pinchazos, calor o frio. Recordemos que esto es importante ya que son los limites entre lo que es bueno y malo para nuestro cuerpo. Al no tener esa conexión entre nuestro cerebro y sensaciones, corremos el riesgo de no tener sensibilidad y con esto por ejemplo si nos estamos quemando, nuestro cerebro no mandaría señales de alerta de que eso es peligroso o doloroso.

Las cosquillas no solo son un posible juego entre madre e hijo, estas también son parte de un acercamiento entre ellos. Al hacer este tipo de juegos ayuda a fortalecer la conexión de padre a hijo. Además de todo esto, las cosquillas puedes ser liberadores de estrés, tanto para el bebé como para la madre. A nivel físico las cosquillas pueden contribuir a fortalecer los músculos. Las cosquillas hacen que nuestro cuerpo libere ciertas endorfinas llamadas “hormonas de la felicidad” dicha sustancia ayuda a que te sientas mejor.

Una función que podría servir de mucho es darles una pequeña lección con dichas cosquillas. Se puede jugar con el niño haciéndole cosquillas en ciertas partes del cuerpo para que así el niño reconozca esas partes y sepa sus nombres. Según algunos psicólogos las cosquillas ayudan al desarrollo infantil a nivel emocional ya que el jugar con sus padres o familiares les permite entablar relaciones más cercanas entre ellos al ser transmisoras de alegría.

No importa la edad del niño para jugar a las cosquillas, los bebes tienen a tener áreas sensibles en la mandíbula, plantas de los pies, mejillas o costillas. Dependerá de la persona el que estas posiciones cambien o se mantengan.