1) Aprenderá a trepar a los lugares más insospechados. Vale, quizás esto sea algo peligroso y le cueste algún chichón entender que él no es un felino. Pero quién sabe si semejante preparación no sembrará en el la semilla de un futuro Calleja.

Hasta los gatos más ágiles calculan mal en alguna ocasión y acaban en el suelo o, lo que es peor, en YouTube para burla del resto de felinos. Intenta convencer al niño de que es mejor que tenga los pies en el suelo, pero no le prohíbas subirse al sofá.

2) Sabrá como ignorarte cuándo le riñas. Los gatos son los mayores caraduras del reino animal. Si les riñes son capaces de mostrarte su gesto más altivo e ignorarte con una naturalidad y unos aires que hacen que en el fondo, muy en el fondo, los admires.

Pueden sacarte de quicio, pero al momento saben cómo hacer que sonrías con alguna caricia, frotándose graciosamente o incluso ofreciéndote su barriguita. Cuidado, tu hijo no solo va a aprender a ignorarte, va a ser un gran manipulador porque estará aprendiendo del mejor.

3) Será el niño más limpio de todo el barrio. Ahí sí que tenemos que darle un punto al gato, porque a limpios no les gana nadie. Si tu hijo coge esa costumbre, será el niño más acicalado de su colegio. Solo vamos a desear que no intente asearse con la lengua.

Los gatos, cuándo acepta a alguien como parte de su “familia” a menudo también lo acicalan, así que quizás tu hijo se lleve un extra de limpieza por parte de su amigo peludo, que se ocupará de que su pelo esté libre de parásitos y de que en sus manos no quede ni un resto de ese delicioso bocadillo que acaba de comerse.

4) Y este punto es muy enserio,  aprenderá a amar y a respetar a los animales. Y esto es algo que sin duda contribuirá a que sea mejor persona, desarrolle una mayor empatía y descubra todas las ventajas de tener como amigo a un animal. Esto lo hará también mejor amigo de las personas.