Si el gato adulto es más bien anciano, seguramente la convivencia sea más complicada. Un cachorrito de gato es un animal repleto de energías que solo quiere jugar la mayor parte del día, mientras que un animal ya senior querrá dormitar el 90% de su tiempo.

El pequeño probablemente busque al gato mayor para jugar, o se acerque para convertirlo en víctima de todas sus diabluras y esto puede estresar al anciano o hacer que pierda la paciencia y discipline al pequeño.

En algunos casos, surge conflicto porque seguramente no sean los mejores compañeros de piso con esas energías tan diferentes e intereses tan encontrados. En el mejor de los escenarios el gato viejo ignorará al joven y este aprenderá a jugar por su cuenta, conviviendo pero sin mezclarse.

En el caso de un gatito con un gato adulto joven, todo va a depender de las presentaciones y del carácter de ambos gatos. Todo es mucho más favorable si el nuevo habitante se muestra sumiso y tranquilo con el gato de la casa, mostrando cierto “respeto” por su territorio.

 Es decir, si este no intenta subirse a su cama nada más llegar, robarle los juguetes o acaparar nuestra atención lo cual es a veces complicado. Si se presentan bien y se logra que no haya conflicto de principio, seguramente se comience una buena relación.

Si el gato adulto es un gato activo y juguetón, agradecerá probablemente la llegada del cachorro ya que aunque no le siga el ritmo, disfrutará de jugar con él y se convertirán en grandes compañeros de travesuras. Si el adulto es muy tranquilo, la relación será similar a la que puede tener con un gato de mayor edad.

Seguir las pautas de presentación conforma los cimientos de la relación, pero elegir gatos con un carácter compatible es también muy importante. Los cachorritos son simpáticos pero pueden ser agotadores y estresantes para un animal muy tranquilo, sobre todo si no ha tenido otros compañeros de juegos antes. Por el contrario, puede ser un gran estímulo para un gato activo que se siente aburrido.