1. Tu empresa, tu motivación. Debes tener claro que porque vayas a ser tu propio jefe no significa que vayas a ganar ‘mucho dinero’; puede ser, pero seguramente no vaya a ser en un futuro reciente. Por lo que el primer consejo a tener en cuenta si decides ser emprendedor es ‘amar’ lo que vayas a hacer y no sólo centrarte en lo económico. Es evidente que tu negocio va a ser tu fuente de ingresos, pero debe nacer como algo más, como una motivación. Si sabes quererla desde el primer día como algo que ha nacido como fruto de una pasión, no sólo la verás como una inversión que tiene que darte beneficios inmediatos. La mayoría de empresas suelen tardar tres años en dar resultados positivos, según la situación económica más todavía, así que sé paciente y lucha por tu objetivo.
  2. Delega. Es evidente que al principio querrás ser ‘el que haga todo’, pero dependiendo de la magnitud de tu proyecto te será imposible. Aprende a delegar desde el primer día, pero también ten en cuenta que delegar no es quitarte responsabilidad. Todo debe ser supervisado por ti pero dejando en manos de otros la toma de algunas decisiones concretas. Si contratas a profesionales te ahorrarás mucho tiempo  y aunque tenga que haber un desembolso inicial, seguramente te será más rápido y fácil recuperarlo que haciendo ciertas cosas por ti mismo. Confía sólo en personas totalmente capacitadas para el puesto, pero recuerda que sólo tú eres el que debes responder ante los fallos.

Delegar trabajo y responsabilidades a los demás es importante para el emprendedor

  1. Escucha a tus clientes. Puede que tu idea sea innovadora y ofrezcas un producto o servicio nunca visto hasta el momento; pero si no es lo que quieren los clientes, no te servirá para triunfar. Hay que saber adaptarse a las exigencias de los consumidores y asumir los posibles cambios que haya que realizar para ofrecer lo que se demanda. Todo lo ‘nuevo’ y ‘diferente’ pueden resultar muy atractivos y pueden darnos altos beneficios, pero también tenemos que ser conscientes en que nuestra idea no ‘cuaje’ en la sociedad. Por lo tanto, debemos luchar por nuestro proyecto y defenderlo, pero siempre siendo conscientes que al final sólo el consumidor manda y es el que puede hundirnos o alzarnos hacia el éxito.
  2. El tiempo y el lugar importan. ¿Da igual cuando comenzar el negocio? ¿No importa la ubicación del mismo? Tanto el tiempo como el lugar de emplazamiento son dos aspectos fundamentales que debe plantearse un futuro emprendedor. Con respecto a este último hay que comentar que es necesario un estudio previo de la zona donde queremos que tenga lugar nuestra actividad comercial. Analizar qué queremos vender, a quién lo queremos ofrecer, saber cuáles son nuestros competidores… ¿Cómo elegir la época para empezar? Puedes planificarlo de forma que puedas aprovecharte de ayudas o subvenciones o iniciar tu actividad en un momento del año en el que se demande tu producto o servicio.
  3. No sólo eres tú, también tus empleados. Si tienes claro que para sacar adelante tu empresa deberás trabajar en equipo y contratar empleados, tienes que transmitirles la pasión por tu negocio desde el primer día. En un ambiente de trabajo donde prima el optimismo, el compañerismo y el amor por lo que se hace día a día es mucho más fácil que los resultados sean positivos. Es evidente que tendrás que mantener tu figura de ‘jefe’, pero escuchando a tus trabajadores y siguiendo las directrices para ser un buen líder. Si no sabes en qué departamento invertir más en cuanto a personal, inclínate siempre por el comercial ya que las ventas será lo que al principio más te cueste conseguir y donde necesitarás mano de obra extra.