Uno de los principales problemas viene porque todo el mundo, especialmente los respectivos padres, parecen tener algo que decir sobre todos y cada uno de los aspectos de boda, ya sea referente a los invitados, al lugar en el que se va a celebrar o incluso sobre la ropa de los novios.

¿Es posible celebrar una boda sin intromisiones? ¿Existe una fórmula mágica para poder casarse de la forma que más guste a los novios sin que eso suponga una ruptura familiar? Desde luego, fórmula mágica no existe, pero al menos si podemos contar con algunos trucos para que todo sea un poquito más fácil.

1) No precipitarse anunciando la boda. Cuando una pareja decide casarse la alegría suele ser tan grande que de manera inmediata lo anuncian a la familia. Pero ese anuncio es interpretado por muchos como una invitación a entrometerse y a participar de cada detalle de la organización del evento.

Si tenéis claro que no queréis que nadie interfiera en la organización de la boda, lo mejor es daros un tiempo para vosotros antes de anunciarla. Quizás podáis elegir juntos el restaurante o elaborar vuestra lista de invitados. Una vez que ya tenéis más o menos estructuradas las cosas, entonces podéis hacer el anuncio explicando que esas cosas ya están decididas y que preferís que nadie se meta en vuestra decisión.

2) Mantener el control sobre la lista de invitados. Si se desea una boda íntima esto a menudo choca frontalmente con el deseo de los padres de invitar a familiares lejanos que a su vez, les han invitado a ellos a las bodas de sus hijos.

Para muchas personas, las invitaciones de boda son un acto social que hay que cuidar y en el que se deben de devolver todas y cada una de las invitaciones, comprobando que estas personas son al menos tan generosas como se ha sido con ellas en su momento.

Para evitar esto, se puede presentar la lista ya elaborada y ofrecer a cada uno de los padres la posibilidad de añadir a un número concreto de personas. Hay que mantenerse firmes y no claudicar ante los intento de añadir a más y más gente. Una solución para eso es alquilar un restaurante cuyo salón tenga aproximadamente la capacidad que queremos. De este modo no hay discusión al respecto.

3) Si realmente se desea hacer algo, hay que hacerlo. Esta máxima hay que tenerla siempre presente, la boda es el día de los novios, un día irrepetible. Vuestros padres tuvieron su día y pueden tener sus bodas de plata o de oro si así lo desean. Explicar esto a las familias seguramente haga mucho más fácil lograr una ceremonia al gusto de los novios.