Esa prohibición fue considerada durante mucho tiempo como algo indiscutible: si figura en los estatutos estos se tienen que cumplir y no hay más que discutir al respecto. Sin embargo, algunas personas se han planteado que quizás esta norma no sea del todo legal y han empezado a acudir a los tribunales para discutirla. Y lo cierto es que, en los casos en los que se ha llegado a una solución final, los tribunales están dando la razón a los que dicen que se trata de una normal ilegal.

Las normas y las leyes

No vamos aquí a profundizar sobre el derecho y sus fundamentos, pero vamos a tratar de explicar en términos sencillos por qué podría no ser legal esta normal. Una comunidad de propietarios tiene la facultad de poner normas sobre los lugares comunes de la comunidad, pero no podría formular leyes relativas al interior del piso, ya que estas irían en contra del derecho de los propietarios.

La ley, superior a la norma, permite convivir con mascotas y por tanto no se podría formular un reglamento que iría en contra de una ley, de rango superior. Una comunidad podría poner en sus normas que los perros no pueden ir en el ascensor si hay otros vecinos, debiendo de ceder siempre el lugar y esperar. O que no pueden pasear por las zonas ajardinadas comunes. Pero no pueden impedir el paso del animal por las zonas comunes hacia la calle o a la vuelta de su casa, ya que necesariamente debe de pasar por ellas. Y por supuesto, no podría impedir que un vecino tenga animales en su casa ya que eso va más allá de lo que la comunidad podría decidir.

Se trata por tanto de una norma que no tiene una gran base legal, por lo que se está viendo hasta ahora en los tribunales y que seguramente acabará perdiendo toda vigencia. No obstante debemos de ser conscientes de que si en nuestra comunidad existe esa normativa, es posible que acabemos en una larga lucha en los juzgados.

Hemos analizado el tema de las comunidades de vecinos, pero este artículo no estaría completo si no vemos el tema en conjunto ya que las normas de la comunidad no son las únicas que existen referentes a los animales en casa.

Otras leyes

Hay otras normas de obligado cumplimiento. Estas son las que delimitan el número de animales que se pueden tener en un piso. Esto lo marcan los ayuntamientos y la norma general es que sean cuatro los animales que se pueden tener sin tener que solicitar un núcleo zoológico. En este recuento no entran los peces, por ejemplo.

Si la persona que vive en el piso es un inquilino y no un propietario, también deberá de ceñirse a lo que figura en el contrato. Es decir, si el propietario del piso pone en el contrato que no permite animales en la vivienda, esto sí debe de ser respetado, ya que tiene la potestad de indicarlo, al igual que puede indicar otras consideraciones como el número máximo de habitantes de la casa. Otra cosa es que no ponga nada, en cuyo caso se consideraría que podríamos tener las mascotas sin problema.

Los ruidos causados por las mascotas

También es importante conocer la normativa relativa al ruido ocasionado por las mascotas. Es sabido por todo el mundo que hay unas leyes relativas al ruido, pero que son muy difíciles de cumplir ya que es complicado demostrar que se está produciendo un ruido constante y que este supera los decibelios establecidos.

En algunos casos que han llegado a juicio el magistrado ha comparado el ladrido de un perro con el lloro de un bebé, es decir, algo que si bien es molesto y supera los decibelios permitidos, no están en la mano de nadie evitar. Otros, por el contrario, dan un plazo a los propietarios para educar a su perro y enseñarle a permanecer en silencio bajo amenaza de retirarles la custodia del perro aunque son anecdóticos. En otros casos, muchos menos, se produce una multa.

Aquí entramos en la responsabilidad individual de cada persona. Alguien amante de los animales debe de ser responsable de los mismos y procurar que estos no molesten a los vecinos, favoreciendo la buena convivencia. Si bien es cierto que hay casos complicados, como los primeros días de un perro en la casa, también hay otras cosas muy fáciles de evitar con una educación correcta del animal y también con la buena elección del perro que nos llevamos a casa.

Los gatos, si bien pueden molestar si se tienen en gran número, no suelen dar tantos problemas ya que no son muy ruidosos y, salvo casos de celo, no maúllan con la misma intensidad con la que ladra un perro. Pero no hay que olvidar que gatos, conejos u otros roedores pueden causar problemas de olores si no se tienen en unas buenas condiciones higiénicas, aunque eso ya sería tema para otro artículo.