Por eso, debemos de evitar enseñarles malas costumbres cuando compartimos tiempo con ellos y corregirles si hacen algo mal ya que de lo contrario, repetirán estos comportamientos de adultos pudiendo ser motivo de serios problemas de comportamiento.

Muchos gatos arañan y muerden a sus dueños porque jamás han sido corregidos de cachorros, o incluso han sido estimulados a hacerlo. Por tanto, nunca se les ha enseñado que eso está mal y ya de adultos es muy complicado cambiar su modo de actuar.

Es por tanto nuestra responsabilidad educar al gato en el juego, tal como hace su madre en la etapa en la que lo cuida.

Comportamientos que no podemos permitir

El gato tiene instinto cazador y muchas personas usan eso para jugar. Esconden una mano bajo una manta en el sofá y la mueven, lo que provoca al gato a cazarla. El problema es que ese gatito con dientes pequeños y uñas chiquititas va a crecer y tendrá fuertes colmillos y unas zarpas que pueden hacer daño.

Si ha aprendido a cazar lo que se mueve bajo las mantas, no dudará en atacarte los pies en la cama o las manos cuando estés bajo una manta en el sofá viendo una película. Y te hará daño, pero además no entenderá que lo regañes porque solo hace lo que tú le has enseñado.

Otras personas no esconden las manos, pero si las usan para jugar, moviendo los dedos y separándolos evitando el zarpazo. Pero el gato crece, se hace mucho más certero y al final, tu mano acabará arañada o mordida.

Por eso no solo no debes de utilizar este tipo de juegos, debes de frenarlos si es el gato quién los inicia, riñéndole de manera clara e inequívoca. No te preocupes si pone cara triste, está aprendiendo y lo vas a agradecer toda la vida, disfrutando de un gato sociable y que no tenga problemas de comportamiento.

Aunque no es exactamente un juego, hay quién permite que el gato coma las sobras de su plato. Además de que el gato no debería de comer comida de humanos debido a que esta no está preparada del modo adecuado para ellos (exceso de sal, por ejemplo) con este comportamiento le enseñamos al minino que tiene derecho a servirse de nuestro plato.

No debemos de sorprendernos si luego salta a la mesa y roba nuestra comida cuándo así le apetezca.