Esto ocurre especialmente con el tema de la sexualidad animal, que en muchos casos pensamos que es similar a la humana cuándo tienen muy pocas cosas en común. Para los perros y gatos, nuestras mascotas más habituales, la sexualidad es un simple instinto reproductivo.

No va unida para nada a un placer, sino a una necesidad fisiológica como el comer. El instinto reproductor los lleva a desear aparearse para procrear, pero no lo hacen como parte de una búsqueda del placer y mucho menos como una forma de comunicación o de sentimiento.

En el caso de las hembras, la cópula a menudo no supone una experiencia agradable. Por el contrario, puede ser incluso dolorosa, como ocurre con las gatas, aunque la fuerza del instinto las hace aparearse cuántas veces sea posible para asegurarse la descendencia.

En el caso de los machos, aunque la relación en si pueda ser satisfactoria, no es algo que vayan a echar de menos si no sienten el empuje de las hormonas, ya que no es algo que realicen de modo racional.

Ventajas de la castración

La castración es la solución para la aparición de camadas no deseadas que en muchos casos incrementan el número de animales abandonados. Además evita que nuestras mascotas se escapen de casa buscando una pareja para sus cópulas o que se meta en peleas por conseguir montar a una hembra.

Un animal castrado no se sentirá nervioso y excitado en época de celo y se evitará el sentimiento tan fuerte de frustración que es evidente que siente cuándo no puede satisfacer a su instinto. Muchos machos marcan su territorio cuándo huelen a una hembra en celo, y pueden llegar a olerlas a una gran distancia. Esto hace que orinen en casa y que se muestren más alterados o incluso agresivos.

Es además una gran solución para prevenir problemas de tumores en las glándulas mamarias y en los ovarios de las hembras. También ayuda a evitar los “embarazos psicológicos” que tanto gatas como perras pueden sufrir.

La castración es una solución definitiva,  práctica y que no acarrea para el animal prácticamente ningún riesgo, excepto el que siempre conlleva una anestesia. En el caso de los machos es una operación muy sencilla y en el de las hembras se ha simplificado enormemente gracias al uso de puntos internos que evitan el riesgo de que se arranquen las costuras de la herida y se creen infecciones.

Falsas ideas sobre la castración

Es importante saber que cuánto antes se castre a un animal antes lo estaremos protegiendo de tumores y mejor evitaremos problemas de marcaje que una vez empiezan son complicados de controlar. Lo habitual es que en torno a los seis meses la mascota esté preparada para pasar por quirófano.

Aunque antes se pensaba que era bueno esperar al primer celo antes de castrar a una hembra, ahora sabemos que no es así y que es incluso mejor hacerlo antes de que esto ocurra. Tampoco es cierto que sea necesario para ella tener una camada. Es un mito que ha dado lugar a muchos cachorros no queridos que se han abandonado a su suerte y que no se apoya en ningún fundamento lógico.

Es cierto que los animales pueden engordar ligeramente, pero es posible controlar esto con una alimentación baja en grasas y estimulándolos a hacer más ejercicios. El carácter de los perros y gatos no cambiará con la operación, tan solo se evitarán estados de nervios y excitación no deseados.