Este es un evento al que asisten miles de turísticas acompañados por los habitantes del lugar, todos dispuestos a disfrutar de este espectáculo que inicia el lunes y martes previo al miércoles de ceniza.  Son veinte mil mujeres que danzan en bikini por las calles de Puerto España, lo que sin duda alguna lo hace un show digno de ver. Sin embargo los carnavales de Trinidad y Tobago son más que esto, es la reafirmación de su cultura y el manifiesto de su resistencia aún latente.

Uno de los llamativos disfraces de grandes dimensiones en Trinidad y Tobago

El ambiente carnavalesco empieza a sentirse luego de haber terminado la navidad, no obstante el punto cúspide se da cuando inicia la competencia musical conocida como Panorama, la cual se celebra el sábado anterior a los carnavales. La emoción de los habitantes y los turistas puede palparse y las ganas de que empiece se sienten desde el domingo anterior al inicio del carnaval, desde ese momento la discreción y la moderación empiezan a dejarse a un lado para dar cabida a la celebración.

Este inicio de los carnavales se ve caracterizado al llenar las calles los primeros carnavaleros, vestidos con sus extravagantes disfraces que incluso pueden ser hechos de harapos y lodo. Luego de esto se activa la celebración diurna con los bailes de los miles de danzantes que nos maravillan con sus impresionantes y coloridos atuendos, mientras son acompañados por los carros de música que interpretan en todo su esplendor el Calipso que da vida y aliento a Trinidad y que invita perderse y disfrutar en el baile, dejándose llevar tanto jóvenes como ancianos por el compás de la música.

Imagen del desfile de estos carnavales

Es un evento sin igual plagado de rica cultura que se desborda en las calles junto con las miles de personas danzando disfrazadas y disfrutando a plenitud de los magníficos desfiles y las fiestas callejeras, envueltos en la alegría que les brinda la música y el goce de las actividades festivas que nos invitan a unirnos.

A pesar de ser un evento cultural, se le permite al turista ser partícipe de todo el desenvolvimiento del espectáculo e incluso si alguno de ellos desea dejar de ser un espectador puede conseguir fácilmente un disfraz para sumarse a su celebración. La única exigencia para ellos es que se entreguen completamente a la emoción de los carnavales, que no teman bailar al compás de la música y disfruten de forma plena moviendo la cintura y el trasero a un ritmo rebosante de característica sensualidad.    

Al momento de llegar el Miércoles de Ceniza va bajando un poco el ritmo de las festividades, en el sentido que no se ven en las calles tales multitudes de personas ni en lugares públicos pero son esos dos días son disfrutados al máximo por todos y su culminación solo crea la ilusión de la llegada nuevamente de los carnavales.