Desde hace siglos se utilizó para tratar picaduras de insectos y para otras infecciones tópicas. Resulta una planta que es muy confundida con otras. Pero una vez que se conozcan sus características es fácil distinguirla. Sus semillas de color café en forma de U, sus pétalos rectos y con forma ovular de color amarillo, la mancha redonda en el centro de la flor son los elementos que más la diferencian.

En estados Unidos es muy reconocida por sus propiedades antiinflamatorias, bactericidas y sanitarias de las enfermedades de la piel. De ella surgen compuestos importantes como aceites y cremas que ayudan a combatir sarpullido, irritaciones y heridas.

Al incrementar la cantidad de sangre y al regenerar células, la caléndula ayuda a propagar el colágeno, cuya función principal es reparar los tejidos dañados. Al macerar la planta se puede utilizar como curadora de las úlceras y las venas varicosas, así como para los esguinces articulares. 

En su forma de aceite es muy útil para servir de humectante natural, prevenir las arrugas, y para proteger contra los radicales libres (gracias a sus antioxidantes, sobre todo los flavonoides).

Por otra parte, el té sirve para ayudar a un mejor funcionamiento el estómago, ya que combate la gastritis, las úlceras estomacales y las inflamaciones. Es recomendable hacer un té a partir de dos cucharadas de pétalos secos en unos 200 mililitros de agua. Una vez hervida por diez minutos puede tomarse tres veces al día.

En sus diferentes formas la caléndula sirve igualmente para atacar forúnculos, eritemas, faringitis, dermatitis, incluso para tratar migrañas y amenorreas. Por sus propiedades hidrantes y revitalizantes, es muy utilizada en muchos cosméticos. Por último, destaca por ser colerético, estimulando la acción hepática, sobre todo la secreción biliar.

Su uso está contraindicado en pacientes que son sensibles a las asteráceas (inluye las margaritas y los crisantemos). Del mismo modo, las mujeres embarazadas deben velar usarla, sobre todo en su ingestión.