Las especies de caimán más pequeñas tranquilamente alcanzarán el metro y medio de longitud en su etapa adulta y necesitarán un terrario lo suficientemente amplio como para poder moverse en el interior, así como conocer a fondo todas sus necesidades médicas, alimenticias y referentes al hábitat.

Muy longevos y difíciles de cuidar

Una creencia errónea en lo que se refiere a estos animales, es que tienen una vida corta o que no van a crecer demasiado fuera de su hábitat natural, ya que en España el clima es diferente a las tierras de América de donde son originarias las razas más habituales. Pero eso son tan solo leyendas urbanas, ya que los caimanes crecen perfectamente en este clima y además pueden vivir durante muchos años, superando incluso los treinta años de edad.

Un caimán puede usarse como mascota, pero sus cuidados son complicados

Son animales que requieren unos cuidados muy especiales, tanto en lo que se refiere a su alimentación a base de pequeños mamíferos, anfibios y crustáceos, como a todo lo que se refiere a la temperatura del terrario, que debe de estar en torno a los 34 grados de día y caer hasta los 2 o 3 grados durante la noche. O  la del agua, imprescindible para ellos y que debe de ser cálida, en torno a los 29. También precisa de iluminación con lámparas UV durante al menos doce horas al día.

Son animales agresivos

Otro mito sobre los caimanes es que su comportamiento es parecido al de muchas mascotas habituales y que por tanto, con entrenamiento y mimos pueden convertirse en dóciles animales de compañía. Para empezar, entrenar a un caimán es algo que precisa de la pericia de un experto, no está al alcance de cualquier aficionado. Y mucho menos se consigue con mimos y cariño.

Los caimanes sólo deberían tenerlo en casa aquellos con instalaciones y conocimientos necesarios

Entrenar a un caimán es un trabajo de muchos años que requiere de una gran constancia y, como sucede con los animales salvajes en general, siempre conservan una parte de su instinto e incluso aquellos que parecen más dóciles y cariñosos pueden tener un brote de agresividad  ante una conducta que interpreten como poco amistosa o molesta.