Alimentarnos con crustáceos puede protegernos de enfermedades cardiovasculares, disminuyen el riesgo de formación de coágulos, reducen las grasas causantes del colesterol y aportan proteínas necesarias para el buen crecimiento y desarrollo. No olvidemos de mencionar el aporte calcio, que puede prevenir la osteoporosis así como su aporte de yodo puede evitar enfermedades como el bocio. Sin embargo pese a sus grandes beneficios en importante limitar su inserta sobre todo a personas alérgicas, con niveles elevados de ácido úrico, embarazadas, niños de corta edad. Además  los crustáceos contienen alto contenido en metales pesado como el cadmio, plomo o mercurio que son perjudiciales para nuestra salud.

Los crustacios tienen un nivel de cadmio muy elevado por la contaminación

Pero como hemos dicho, sobre todo resulta muy perjudicial el cadmio que se encuentra en los crustáceos debido a la contaminación actual. En los crustáceos el cadmio se acumula en la hepatopáncreas localizada en la cabeza. De igual modo este metal entra en el organismo de los demás animales y se acumula en vísceras como el hígado y el riñón pudiendo causar fallo renal. Este metal pesado es parecido al cinc y es utilizado en industria para proteger la corrosión del hierro y el acero o para frenar las reacciones en centrales atómicas. También se encuentra en plásticos, cerámicas  y es utilizado en agricultura en fertilizantes y pesticidas. Es usado también para soldaduras, televisores, en pinturas  y en baterías.

Se conoce que el cadmio llega al agua ya que es vertido sin control alguno depositándose  en el barro de los ríos y lagos. Los expertos aseguran que altos niveles de cadmio en los alimentos pueden producir descalcificación de huesos e incluso la muerte. En este sentido el cadmio es uno de los metales más tóxicos  y peligrosos que existen en la actualidad. Por todo ello es necesario limitar en nuestra dieta las cantidades de crustáceos aunque sin llegar, por supuesto, a prohibirlos totalmente.