Su apariencia y modo de vida

Para empezar sorprende el tamaño, ya que las especies más grandes de caballitos de mar miden en torno a los 29 cm y las más pequeñas tan solo 14 mm, mucho más pequeños de lo que podríamos pensar al escuchar hablar de un caballito. Y es que el nombre se debe al parecido de su cabeza con el de un equino, pero en ningún caso a su tamaño. Otra característica llamativa de los caballitos de mar es que no tienen escamas, si no capas de piel estiradas sobre placas óseas

Son grandes cazadores de pequeños invertebrados, gracias a sus ojos que se mueven de manera independiente, haciendo que no se pierdan una presa. Esto es una suerte para ellos, que no tienen dientes y necesitan alimentarse a menudo de pequeños seres que puedan aspirar enteros a través de su hocico mediante un movimiento muy característico de la cabeza. Se propulsan para nadar gracias a su aleta dorsal y su cola.

Reproducción

Los caballitos de mar se reproducen de una forma muy original. Los machos tienen una especie de bolsa marsupial en la que la hembra deposita sus huevos. Ellos los fecundan y los cuidan hasta que eclosionan.  Son pues los padres los que viven un proceso similar al embarazo que dura tres meses, durante los cuales el padre alimenta a los embriones hasta que pueden valerse por sí mismos.

Alimentación y cuidados

No son animales aptos para vivir en cautividad. No valen para principiantes, sino que son animales que necesitan la mano de un experto y aun así a menudo sucumben al estrés, pues no se adaptan a la vida en la pecera. Uno de sus principales problemas es que a veces dejan de comer y no quieren ninguno de los tipos de comida tradicionales para peces. Suelen querer de mejor grado pulgas de agua salada, pero no son una garantía de que vayan a comerlas y salir adelante.

En casos como este, es preferible no adquirir un animal que necesita el mar abierto y la libertad para vivir, ya que por mucho que nos guste verlo en la pecera no deja de ser un ser vivo con necesidades que en un acuario no vamos a cumplir, condenándolo seguramente a una existencia frustrante y dura.