Eran animales a los que les tocaban los trabajos más duros. Si alguna vez hubo algo parecido a las clases sociales entre los animales, los burros estaban incluidos sin duda en una de las más bajas. A pesar de su gran colaboración gozaban de mala fama y se les consideraba cabezotas. Su nombre era y es sinónimo de ignorancia.

Una nueva visión del burro

Juan Ramón Jiménez nos hizo ver a estos animales desde otro punto de vista con su obra “Platero y yo” y muchos niños soñaron con tener un burrito en su casa o al menos poder acariciarlo y dar un paseo en un carrito tirado por uno.

Algunas personas comenzaron a ver al burro como mascota y se descubrió que bajo ese halo de cabezonería y pocas neuronas, se escondía un animal fiel, muy leal y cariñoso, capaz de darlo todo por su propietario.

Niños subidos a los burros

Sin embargo el burro como mascota no terminó de cuajar porque no tenía el mismo porte y hermosura que el caballo. Además, con el avance de los tiempos, dejaron de ser necesarios en gran parte de los pueblos, por lo que sus propietarios comenzaron a deshacerse de ellos.

Por desgracia muchos fueron sacrificados y otros simplemente abandonados. Los más afortunados han llegado a alguno de los escasos refugios para burros que existen en nuestro país.

Muchas razas autóctonas

Se calcula que actualmente quedan menos de 75.000 ejemplares en España, una cantidad muy pequeña en relación a los que ha llegado a haber.  Existen tres razas principales de burros en España: el catalán, el cordobés o andaluz y el zamorano o leonés.

Cría de burro mamando

Algunas granjas terapéuticas o en las que se realizan campamentos, han recuperado a los burros para trabajar con niños y con personas con algún tipo de enfermedad. Estos animales han resultado ser aliados perfectos para las terapias de rehabilitación mostrándose muy sociables y muy pacientes.

También han sabido ser útiles para realizar rutas cabalgando por la naturaleza. Su tamaño, más pequeño que el de un caballo, hace que muchas personas que no están acostumbradas a montar sientan menos miedo que ante un gran caballo. Además resultan más baratos de mantener y con sus cuidados se contribuye a mantener las especies de burros autóctonas.