Los seres humanos, al nacer, tienen la capacidad de reconocer los sonidos de todos los idiomas pero según van escuchando a sus padres, comienzan a perder esa capacidad para centrarse solo en los sonidos de la lengua que ellos hablan. Por eso, cuando intentamos aprender una lengua ya mayores, nos cuenta pronunciar sonidos a los que no estamos adaptados.

Los bebés que escuchan dos idiomas desde el nacimiento, mantienen esta capacidad abierta mucho más tiempo y se acostumbran a los sonidos de ambas lenguas desde el principio, lo que hace que sean mucho más receptivos.

Al contrario de lo que alguna gente cree, criar a un bebé con dos lenguas hace que desarrolle mucho mejor su lenguaje y a menudo, a largo plazo, adquieren un lenguaje más rico que otros niños de su edad, por lo que el bilingüismo es muy positivo para ellos.

Un avance lento

Esto no quiere decir que todo sea un camino de rosas en la educación bilingüe. Hay niños que son más lentos en el proceso de aprendizaje de la lengua. Esto es normal con independencia de los idiomas que escuchen, pero en el caso de los que tienen dos lenguas maternas puede acentuar esta marcha lenta en las primeras etapas.

La actitud de los padres es muy importante, ya que el niño responderá mejor si los padres son positivos que si se muestran negativos. Hay casos de niños que entendiendo perfectamente dos lenguas se niegan a hablar una de ellas.

Esto sucede especialmente en casos de niños hijos de emigrantes, en cuyas casas se habla la lengua de origen y que ellos, a cierta edad, pueden rechazar porque consideran que eso les marca como diferentes y les impide la integración en el grupo.

También ocurre que padres que hablan una sola lengua envían a sus hijos a colegios con educación en dos lenguas desde la guardería, para potenciar que sean bilingües. Pero si este doble lenguaje no se da en la casa, el proceso no es tan natural ni mucho menos igual al que tiene lugar cuando, por ejemplo, un padre habla una lengua y el otro, otra.

Es todavía más fácil para el niño cuando ambos padres entienden perfectamente la otra lengua y pueden hablar cada uno en la suya manteniendo diálogos fluidos. Esto es frecuente, por ejemplo, en las zonas de España en las que hay dos idiomas, Cataluña, Euskadi o Galicia.

En general, el proceso de bilingüismo, cuando es natural, es fácil y fluido, siendo mucho más complicado cuando se impone en un ambiente externo, como el colegio y no en el hogar.