La natación es la forma que tienen los mamíferos de transportarse en un medio acuoso, ante la ausencia de aletas, solo queda usar los brazos y las piernas. La forma básica de transportarse es parecida a la de un bebé gateando, popularmente en algunos lugares se la llama estilo “perrito”, y al igual que cuando se gatea, implica un gasto de energía grande en relación con la distancia que uno se mueve. Los humanos tenemos la capacidad de aprender distintas técnicas de desplazamiento como el crol, la mariposa o el over, por nombrar algunos, que implican una mayor distancia a un menor costo de energía.

Sabiendo pues, los orígenes de esta habilidad que tenemos a nuestra disposición, practicar natación implica un gran beneficio a nuestro organismo, si se lo hace bien, como toda actividad deportiva.

Ante todo, cuenta con la ventaja de que el cuerpo no tiene que sufrir el choque con el suelo, lo cual a largo plazo genera daño en los huesos, puesto que uno está flotando, no existe tal choque.

En segundo lugar, uno trabaja mucho más músculos que realizando una actividad específica, puesto que hay que empujar el peso del agua con todo el cuerpo.

La natación estimula más que nada los músculos de la espalda, abdominales, brazos y piernas, aunque dependiendo el estilo que se use se puede estimular otros.

Incrementa la capacidad pulmonar, y la capacidad de aguantar sin respirar. Por lo que es un ejercicio excelente en todo sentido. Esta actividad implica un gran gasto de energía, por lo que se recomienda alimentarse bien, aunque es normal que inicialmente se pierdan algunos kilos.

Por la forma en que estimula los músculos, es conveniente hacer un pequeño trote 1 o 2 veces por semana, a fin de acostumbrarse a los músculos desarrollados, pero en tierra.

Además, día a día aumenta la cantidad de doctores que recomiendan a sus pacientes realizar natación, ya sea como rehabilitación o para aquellos con capacidades especiales. Es una muy buena forma de recuperar músculos atrofiados con una posibilidad de lesión mínima.

La natación puede ser un buen ejercicio de rehabilitación, aún si no se pudieran mover las extremidades

En cuanto a los discapacitados mentales, es una buena manera de mantenerse sano y asistir a la inclusión social.  Si bien es más que obvio que estas personas requerirán asistencia de un profesor de educación física, que deberá estar especializado en este tipo de pacientes, para saber de qué manera introducirlos al agua y que ejercicios se pueden realizar. Para aquellos que sufren algún tipo de discapacidad física o mental, se puede realizar natación tranquilamente con ausencia de ambas piernas o ambos brazos. Incluso sin ninguna extremidad hay técnicas para nadar, aunque en este último caso necesariamente requerirá asistencia para salir y entrar al agua.

En conclusión, ya sea que quieran hacerlo para competir, simple recreación o rehabilitarse, es una actividad recomendable para cualquier persona, y muy sana. Además, podemos practicar natación con tranquilidad, pues los centros que tienen piscina al descubierto o cubierta siempre procuran tener los niveles de cloro adecuado y realizar los exámenes pertinentes a fin de evitar enfermedades o accidentes.