Los expertos  no tienen un entendimiento tan claro de la hiperactividad infantil o  Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad cómo los medios de difusión masiva (sarcasmo). Lo cierto es que hay muchos errores en los diagnósticos, y los mecanismos neurológicos exactos tampoco son comprendidos del todo. ¿Es realmente un problema o simplemente una característica personal, como la timidez o la agresividad positiva, esa que nos lleva a ofrecernos para una tarea que nadie más se anima a hacer? Ya contestamos en su momento qué es un niño hiperactivo, pero en esta ocasión vamos a centrarnos en sus posibles tratamientos, en averiguar qué podemos hacer por nuestra parte, como padres o cuidadores de estos pequeños.

El debate y las investigaciones continúan, pero una cosa si es bien clara: sea o no un problema neurológico, vivimos en una sociedad con pautas donde incluso los niños deben cumplir con ciertas reglas. Pero hay distintas maneras de tratar el problema, algunas mejores que otras. Los síntomas del Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad son inatención, impulsividad, incapacidad de quedarse quieto y cambios abruptos de humor.

Jacques Duff es uno de los científicos que investiga el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. Neurólogo y nutricionista, ha estudiado la manera en que la dieta afecta la salud del cerebro (y por tanto, de la conducta). Ha descubierto que una dieta baja en nutrientes, rica en alimentos procesados (atestados de conservantes) y gaseosas afecta las funciones cerebrales, culminando en comportamientos anormales. Se recomienda realizar una visita al médico para determinar si hay alguna falta de nutrientes.

Los ácidos grasos omega-3 resultan particularmente importantes, según una investigación realizada por Natalie Sinn, de la Universidad Sur Australia. Es un elemento clave en el crecimiento de nuevas neuronas y en la formación de los enlaces de comunicación existentes entre ellas. Pueden obtenerse suplementos de Omega-3 o puedes incluirlos a la dieta a través de semillas de girasol, de chía y nueces.

Si desde lo alimenticio todo está en orden, puede intentarse un poco de “gimnasia intelectual”. Un niño “hiperactivo” puede ser un fracaso o una persona exitosa por sobre la norma según lo que haya aprendido en la infancia. Lo primero a realizar es regalarles el beneficio de la duda-y esto aplica a todos los niños: si comportarse mal es la norma, entonces puede que haya un problema que nada tiene que ver con “una mala actitud”.   Encuentra aquello que le apasiona, que demande disciplina voluntaria.

Numerosos investigadores han reportado los maravillosos efectos de la música en personas con problemas conductuales, y los niños “hiperactivos” parecen no ser la excepción. Preséntales música clásica; ponla como música de fondo mientras juega, mientras hace sus deberes. Los diferentes sonidos que se solapan con decenas de detalles auditivos logran captar la atención de las mentes dispersas, ayudándoles a concentrarse. A su vez, reduce la agresividad y la falta de memoria al estimular la actividad cerebral.

El deporte es otro excelente mecanismo para ayudar a la salud del cerebro al estimular las conexiones neuronales y el crecimiento neuronal. Se ha documentado que 2  horas de ejercicio diario durante un período de 6 meses ayudó significativamente a pacientes con problemas de depresión y falta de atención y memoria degenerativa.

Recuerde siempre consultar primero con profesionales, pero nunca está demás intentar primero opciones menos dramáticas.