Algunas personas, con su mejor voluntad, ponen comederos para estos animales, dejándoles alimento en la puerta de casa. Pero esta actitud, que pretende ser solidaria, puede acabar creando problemas más graves para estos animales salvajes.

Si los animales se acostumbran a que se les proporcione comida, lógicamente van a acudir a por ella. Esto puede hacer que cada vez sean más los que vayan a por alimentos y se vuelvan más osados.

Finalmente, es muy probable que acaben acudiendo a otras casas en busca de alimento, convencidos quizás de que serán igual de bien recibidos o simplemente asociando viviendas con comida. Pueden incluso entrar en propiedades, matar a animales domésticos o causar otro tipo de daños.

Lógicamente, si alguien ve animales salvajes en la carretera o merodeando sus hogares, acabará llamando a la policía y estos tendrán que actuar. Estas actuaciones pueden ser especialmente importantes si los animales llegan a los núcleos urbanos, pudiendo causar accidentes de tráfico o atacar a personas.

En no pocos casos la intervención de los medios de seguridad acaba con el animal abatido al no poder controlarlo. Esto crea miedo entre los vecinos, que no quieren ver como sus mascotas son atacadas por un zorro o por otro animal que quiera devorar su comida.

Aquí surge un nuevo problema, al poner trampas o venenos para estos animales, que pueden causarles una muerte muy dolorosa en caso de que caigan en un cepo o que ingieran la comida contaminada.

Los animales salvajes suponen un peligro dentro de los espacios habitados por el hombre, por eso no debemos de potenciar que entren invitándolos indirectamente al dejarles comida. No debemos de olvidar que además de posibles ataques y daños materiales, estos animales pueden dañar o  transmitir enfermedades a nuestras mascotas.

La manera más efectiva de ayudarles es colaborando con las asociaciones protectoras del medio ambiente que se encargan de defender que no se agredan sus hábitats y que tratan de que se les proporcione un entorno en el que vivir en paz.