Cuando hablamos de tés o de infusiones la cosa no cambia demasiado, ya que por estar acostumbrados a debidas azucaradas, llenas de gas y cafeína, algunas personas consideran insípidos los tés naturales y medicinales, y aunque saben los beneficios de ellos, evitan tomarlos como bebidas para acompañar los alimentos o en lugar del cafecito de la tarde porque no les encuentra demasiado sabor. Pero ¿cuál es el secreto para saber apreciar el té?

En este artículo vamos a explicarte cómo puedes prepararte para tomar de forma frecuente estas bebidas tan saludables, sin necesidad de recurrir a grandes cantidades de azúcar, apreciando el sabor natural que estos tés elaborados a partir de plantas medicinales nos ofrecen.

El secreto para saber apreciar el té ligero

Algunos tés cuentan con sabores sutiles y que deleitan una vez que los sabemos apreciar en todos sus matices. Un tecito de manzanilla, de tila o de menta son calmantes por su sabor sutil y al tomarlos vamos adaptando nuestro paladar a identificar cada uno de sus sabores, no pasará la primera vez que los tomemos, sino una vez que ya llevamos bastantes tazas de té degustadas en nuestro haber.

Pero evidentemente lo anterior no aplica igual para todos los tipos de tés, el verde, el chai, o el té negro son por lo general fuertes, y sus sabores pueden ser abrumadores.

El secreto para saber apreciar el té fuerte

Tés o infusiones como el de jengibre a canela en ocasiones resultan demasiado fuertes para algunas personas, las cuales los evitan porque los encuentran demasiado cargados y amargos para su gusto, pero este también es un proceso. Podemos empezar por infusiones ligeras o con menos contenido de plantas de las que en realidad debe llevar, más aún si el té es sobre plantas con sabores fuertes como el mate que nos ayuda a adelgazar y es antioxidante, o el romero que es excelente para cuidar el cabello.

Además, evitemos tomar diariamente bebidas como jugos comerciales, refrescos de cola, bebidas energizantes o hidratantes, ya que los fuertes sabores a azúcar o sal de éstas nos condicionan el paladar a reaccionar en su mayoría a estímulos igual o más intensos de azúcares y sales, los cuales nos saturan el gusto con el paso del tiempo y nos desensibilizan para degustar los tés ligeros.