1. Suelos arcillosos: Para este tipo de suelos son muy eficaces el estiércol, huesos frescos triturados, cenizas de algas, cenizas de carbón fósil, de madera, cenizas de huesos, fosfato precipitado, fosfato precipitado.
  2. Suelos arcillosos-calizos: estiércol mezclado con algas secas, paja de maíz, hojas de patatera, semilla de altramuz, tortas de sésamo mezclada con superfosfatos, orinas recientes o purín diluido en agua.
  3. Para suelos Calizos: resultan imprescindibles hojas secas, aserrín de madera seco, paja de cereales o leguminosas.
  4. Para los silíceocalizos: Sulfato armónico, carnalita, cainita, sulfatos, cloruro potásico, residuos de lana, algodón o seda mezclados con estiércol u orujos.
  5. Para los silíceoarcillosos: Pueden maximizar los resultados de los cultivos si se le agrega a modo de abono residuos de carne fresca fermentados, carne seca en polvo, sangre fresca, carne y residuos de pescado, harina de carne, insectos secos, crisálidas de gusanos de seda,  plumas, crines, pelos, cuernos triturados o cueros muy desmenuzados.
  6.  Suelos silíceos humíferos: para este tipo de terreno resultan ideales las tortas de ricino, de nueces, de lino, de algodón, orujo de aceituna pero sobre todo mezclados con superfosfatos.
  7. Suelos silíceos permeables: Curiosamente a este tipo de terrenos le enriquece abonos como aguas de albañiles, de destilerías, de cervecerías, de azucareras, de maceración de lino o cáñamo pero siempre de  forma muy diluida.

Deberías elegir el abono ideal para cada tipo de terreno o superficie

Uno de los problemas más frecuentes de lo que  puedas imaginar,  es la falsificación de abonos. Por desgracia en la actualidad, existen comerciantes que sin escrúpulos no dudan en vender abonos mezclados con sustancias de escaso valor nutritivo como arena, tierra, arcillas, sal… con la ventaja de que son difíciles de descubrir sin un análisis químico. Por eso siempre es bueno recurrir a comerciantes de calidad a pesar de que los abonos que vendan puedan resultar más caros. Sobre todo porque puede ser muy perjudicial para tu cultivo debido a que sus efectos enriquecedores sobre el terreno abonado resulten mínimos o nulos.