El documento firmado el 11 de diciembre de 1997 en la ciudad japonesa de Kioto con el objetivo de que las naciones más ricas del planeta, que generaban la mayor cantidad de contaminación a nivel mundial, se comprometieran a reducir en un 5 % las emisiones contaminantes (dióxido de carbono, gas metano, óxido nitroso e hidrocarburos, entre otros) y  entre los años 2008 y 2012, tomando como parámetro los niveles que había en 1990. Es un acuerdo internacional de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

El protocolo entró en vigencia varios años después, en febrero de 2005, ya que debían firmarlo todos los países comprometidos. El último en ratificar el Protocolo de Kioto fue Rusia en noviembre de 2004.

El Protocolo de Kioto fue pensado para que fuese acatado por, al menos, el 55 % de los países con mayor cantidad de emisión de dióxido de carbono. Estas naciones son las más industrializadas del planeta y se han comprometido a reemplazar sus viejas tecnologías contaminantes, generar un desarrollo sostenible y disminuir el calentamiento global.

Aunque Estados Unidos es el país con mayor emisión de gases de efecto invernadero en el mundo, no se ha adherido a este acuerdo. El ex presidente Bill Clinton firmó el acuerdo pero el país nunca lo ratificó. En el año 2001, el ex presidente George Bush se retiró del protocolo aduciendo que el mismos era insuficiente para combatir el problema de fondo. Dicho país tiene solamente el 4 % de la población del planeta pero consume un 25 % de la energía fósil (petróleo, carbón y gas natural), sumado a que es el mayor emisor de gases contaminantes a nivel mundial.

Entonces, ¿es válido decir que se han realizado mejoras significativas en la reducción de las emisiones contaminantes del planeta si el país que más contribuye al calentamiento global no está dispuesto a realizar ningún cambio para contribuir con el medio ambiente? Sin dudas, es algo que se debería debatir.

Pero no es sólo Estados Unidos quien debería rever su actuación en materia de medio ambiente. Por ejemplo, España se comprometió a reducir sus emisiones contaminantes a menos del 15 % por año, aunque no lo ha podido cumplir. En el período 2008-2012, el país ibérico ha llegado al 23,7 % de emisiones de dióxido de carbono, pasando muy por encima del tope impuesto. No obstante, el desafío no es fácil de cumplir para muchos otros países como Italia, Austria y Dinamarca.

Por el contrario, uno de los países que se encuentra a la vanguardia de la reducción de emisiones de dióxido de carbono es Suecia, que tiene una restricción legal con respecto a dichas emisiones. Este país europeo confía en que para el año 2020 contarán con un 50 % de fuentes de energía renovables.

En el año 2012 se dio comienzo a la segunda etapa del protocolo, la llamada Enmienda de Doha, que entrará en vigencia cuando el 75 % de los países involucrados ratifiquen esta fase y sus compromisos. ¿Se podrá, finalmente, avanzar en cuestiones medioambientales hacia una nueva normativa para el año 2020, tal como se espera?